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Mensaje por Allstar el Jue Abr 14, 2011 12:47 pm

Ok, creo que este tema no esta funcionando, espero terminarlo pronto solo para no dejarlo inconcluso. Bueno gracias de todos modos por su tiempo a los que lleguen hasta aqui.

Capitulo 8.- Nuevo comienzo.

La vida es frágil y la muerte indiferente. Alex pensaba que aquel instante no era real, que esta mañana su mundo era armonía a pesar de estar lejos de su patria. Luc su mejor amigo, maestro y lo más cercano a un padre, le había enseñado que la vida tiene muchos matices y que las decisiones que tomamos moldean nuestro futuro. La noche era iluminada por las flamas que consumían sus esperanzas. La muerte nunca avisa, solo llega y se lleva lo que mas amamos, pensaba Alex.

—Ven conmigo. — dijo una voz suave mientras le tomaban la mano.

Alex volvió la mirada y se encontró con una joven de cabello negro corto y piel pálida. Vestía jeans azules, zapatillas deportivas de tela color negro y suela blanca, camiseta blanca ajustada y una chaqueta negra de piel ceñida al cuerpo que lucia delegado pero atlético, tenía unas gafas obscuras. Su rostro era inexpresivo, como sus palabras; miraba a Alex con indiferencia pero su mano era suave y calida.

Alex no sabia que pensar, su mente era un caos, sin embargo sabia que si ella quisiera, el ya estaría muerto. La muerte era lo único que rondaba en su cabeza con claridad. Alex se dejo guiar por la misteriosa chica con pasos cortos pues el dolor de la lesión era insoportable. Lo llevo lejos del incendio donde las patrullas empezaban a llegar y los gritos daban paso al sonido de las sirenas.

Llegaron a un callejón donde estaban a salvo de las miradas de la gente.

—¿Cual es tu nombre? — pregunto la chica.

—¿Quien eres tu? — pregunto Alex.

— Tu estabas con Delacroix. —dijo la chica. —¿Que relación tenias con el?

Alex se sorprendió de lo frías que eran las palabras de la chica. Hablar de Luc como si ya no existiera era muy duro para el, sin embargo sabia que estaba en peligro y tenia que recuperarse si quería salir vivo, Luc se preocupo por el hasta el ultimo momento y morir seria deshonrar su esfuerzo. Esta idea le daba fuerzas y sabía tenia que aceptar la muerte de su amigo lo más pronto posible.

—Alex… mi nombre es Alex… Soy hijo adoptivo de Luc… — dijo Alex. —¿Quien eres tú? —

La chica se quito las gafas, la escasa luz dentro de aquel callejón apenas dejaba ver su rostro que lucia aun inexpresivo. Dentro de aquella obscuridad, Alex pudo ver sus ojos, parecía estar triste pero tenían un brillo peculiar.

—Que sabes de Léon — pregunto la chica.

—No se nada… solo que por su culpa Luc esta muerto…— dijo Alex con un nudo en la garganta.

La chica saco un arma y le apunto en la cara, Alex lucia inmutable, la chica seguía con la misma expresión. El joven la miro fijamente, sabia que no le dispararía. La chica bajo el arma al cuello del chico y levanto con la punta del cañón el collar que tenia Alex. Era la Luna que Luc le había encargado cuando se conocieron, nunca se la había quitado desde entonces. Alex noto que la chica tenia una gargantilla con un sol de las mismas proporciones que la luna.
La chica le arranco el collar y salio corriendo. Alex trato de seguirla pero no pudo alcanzarla debido a su tobillo lastimado. Sintió mucha impotencia al pensar que le habían robado tal vez el objeto más valiosos que poseía, por el valor que representaba para el, seguramente ella lo sabia. Salio con mucho trabajo del callejón y trato de alejarse de la escena. Avanzo varias cuadras esquivando curiosos hasta que pudo conseguir un taxi. El ruido disminuía brindándole un poco de tranquilidad.

Al llegar a su hotel noto algo raro, había un auto estacionado en la acera de enfrente. La pesadilla no había terminado. El taxista exigió el pago de sus honorarios Alex metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y encontró un dispositivo de color blanco muy similar a un teléfono móvil. Recordó que Luc tenia uno similar. Le dijo al taxista que siguiera conduciendo pero este renegó hasta que Alex le entrego un billete. En el auto de enfrente pudo distinguir a dos tipos con trajes, sin duda eran subordinados de aquel hombre.

Alex abandono el taxi unas calles adelante. Lejos de la vista de los vigilantes. Camino hasta llegar a una iglesia y se sentó en la escalinata. Aun era de madrugada pero había algunas personas que caminaba como sonámbulos en las calles buscando latas y algo de comer en los basureros cercanos. Alex se acurruco en una orilla de la escalera y saco el dispositivo cubriéndolo con su chaqueta. El aparato mostró una pantalla donde exigía una contraseña pero aquel dispositivo no tenia botones.

El dispositivo era un artículo muy costoso desarrollado por una de las industrias mas avanzadas tecnológicamente y cuyo emblema era un conejo, el dispositivo era de color blanco. Alex recapacito un momento y recordó las palabras de Luc: “cuando estés perdido sigue al conejo blanco. Toca tres veces y di tu nombre”

Alex toco la pantalla con el dedo índice. Y la pantalla abrió un mensaje que pedía el dedo pulgar. Se trataba de un software de seguridad. Alex siguió las indicaciones y después de colocar la huella digital del dedo índice y los dos pulgares, logro accesar a otra pantalla donde le pedían escribir su nombre en un teclado digital. Alex lo escribió pero no paso nada. Intento varias formas de escribir su nombre pero no funcionaba. Entonces escribió: Alexander Delacroix.

Una nueva pantalla apareció, Alex sonrío al pensar que Luc de verdad lo consideraba un hijo. Alex se contuvo para no caer de nuevo en la melancolía.

La pantalla tenía una serie de aplicaciones pero una de ellas estaba en espera. De pronto pareció un mensaje.

=J=Espere un momento. Despejando la señal… Listo… Sr. Es un honor servirle. ¿Que necesita?

Alex titubeo un momento, parecía que el dispositivo le estaba hablando pero era imposible, seguramente era otra persona que se comunicaba através del aparato. Pensó por un momento que podría solicitar. Necesitaba dinero así que solicito una cantidad que le pareció adecuada, el mensaje le revelo una dirección y un numero de casillero donde encontraría el dinero. El interlocutor volvió a preguntar que más necesitaba. Alex pensó un rato.

=Delacroix= Necesito encontrar a Léon.

La respuesta tardo en llegar.

=J= Señor ¿que quiere decir?

Alex sabia que todo el mundo le había ocultado información y tenia que trabajar con lo poco que sabia, sin delatar su ignorancia.

=Delacroix= Necesito información de Léon, y de ella.

La respuesta tardo un momento en llegar lo que Alex interpreto como un acierto en la forma de preguntar.

=J= Señor, usted esta en su territorio. Le recomiendo presentarse. Puede encontrar un intermediario en Little Italy.

=Delacroix= ¿Como lo identifico?

=J=Busca al viejo Tony.

Alex sintió un gran alivio al encontrar una respuesta coherente al fin. Pensó en otra pregunta pero no se le ocurría ninguna. Se despidió y cerró la comunicación. El cansancio hacia presa de el, así que busco un lugar seguro para descansar. No tenia dinero y no podia moverse, así que volteo la chaqueta para disimular su apariencia y se acurruco en la escalera pensando que tal vez podría dormir hasta que amaneciera.

Las campanadas de la iglesia resonaron rompiendo el sueño de Alex. Era un nuevo día y tenia hambre, se sentía recuperado gracias a la siesta y lo necesitaría para enfrentarse al nuevo día.

Camino un poco por las calles, casi no tenia dinero. Pregunto como llegar a su destino caminando pues no le alcanzaba para pagar un taxi. Camino toda la mañana hasta llegar a Little Italy. El lugar era muy tranquilo a esas horas, había poca gente y la mayoría de los restaurantes ya estaban abiertos y mostraban cierta actividad exhibiendo sus menús. Uno de ellos lucia vacío, el joven se acerco cuando de pronto salio de prisa un grupo de hombres.

Alex trato de disimular mientras se alejaba, su forma de caminar, su rostro sucio y la chaqueta al revés le hacían lucir como un vagabundo, por lo que los hombres no se molestaron en voltear a verlo y se marcharon rápidamente abordando un auto similar al que esperaba en su hotel. Alex espero un momento a que se marcharan y luego entro al lugar.

El restaurante estaba desierto, las sillas estaban sobre las mesas y la cocina estaba en silencio. Alex se acerco despacio, al fondo del restaurante escucho un sonido. El joven se acerco y encontró a un hombre corpulento con cabello canoso y un rostro lleno de arrugas, parecía tener cincuenta años, estaba sentado en el piso sangrando en el abdomen.

—Quien eres. — pregunto el hombre con mucho esfuerzo y acento italiano, mientras escupía un poco de sangre.

—¡Maldición! Esta perdiendo mucha sangre, tengo que llamar una ambulancia y a la policía…—dijo Alex mientras trataba de detener la hemorragia con uno de los manteles de las mesas vecinas.

— Vaya… tu debes ser el nuevo ¿no es así chico?... déjalo… quien crees que hizo esto… eran policías…—dijo el hombre trabajosamente.

—Tú debes ser el viejo Tony. ¿Podrías decirme que esta pasando? —pregunto Alex.

—Esto es una purga, los malditos nos traicionaron. No tienen principios. Ya no hay respeto por las tradiciones, son unos mercenarios…— El viejo Tony comenzó a toser. —Estamos siendo cazados, quieren extinguirnos, después de que trabajamos para ellos, ahora quieren deshacerse de nosotros… Eres protegido de Delacroix ¿cierto?... Me entere que murió… ahora nadie podrá hacerles frente… Nos dirigimos a un maldito régimen totalitario… se deshacen de los únicos que podrían detenerlos… nos temen por eso nos quieren muertos…

Alex no entendía lo que el viejo Tony quería decir pero entendía que había una guerra en la que el estaba inmiscuido. El cliente era capaz de todo por conseguir lo que quería, y ahora estaba buscándolo a el.

— Aun hay alguien. ¿Dónde esta Léon? — pregunto Alex.

—¿Leon?... No lo sabes ¿verdad?... Léon… esta muerto…— dijo el viejo Tony. — Se llevo a la tumba al maldito de Norman Stanfield… y ahora, su loco hermano busca vengarse… y el poder que quedo vacante… yo… tengo que… tú… tienen que cuidarse… Léon me hizo prometer que la cuidaría… pero no podré… cumplir… esa promesa… perdóname… Mathilda…

El viejo Tony sufrió un espasmo y de pronto de dejo de respirar, su rostro reflejaba paz, parecía como si lentamente se quedara dormido, como si al final hubiera logrado salir de un juego que ya no quería jugar.

—Ve en paz viejo Tony. — dijo Alex tratando de deshogar su pena al ver a un viejo morir por una causa que no conocía. Había algo en común entre aquel hombre y Luc pero aun no sabía que era.

De pronto Alex sintió el frío acero del cañón de un arma apuntándole directamente en la nuca.
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Gracias Mishachan por tus comentarios y bueno, deberias revisar tus mp mas seguido... Saludos.
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Mensaje por Nekko el Jue Abr 14, 2011 10:57 pm

hola no habia podido entrar pero te digo que eres un
gran escritor la historia va por buen camino me agrada la forma en que escribes, tampoco imagino lo de luc pero a veces es imposible impedir que las cosas pasen, igual lo del viejo tony

sigue asi, esperare el siguiente capitulo
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Mensaje por Mishachan el Dom Abr 17, 2011 12:20 am

=S le robaron el collar! ¬¬ piche ladrona! ojala lo recupere pronto! alex esta mas o menos en el ojo del huracan! io
y bueno amor =S no me han llegado mas MP T.T es tendre q montarle a mi casa un rosario, no salgo de un desastre pa que venga otro T.T y no he tenido tiempo de nada, solo leo tus actualizaciones en mi trabajo T.T DIsculpame amor mio! pero sabes q siempre ando pendiente!!!!

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Solo quiero que sepas que sin darme cuenta me enmore de ti como no tienes idea
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Mensaje por Allstar el Jue Abr 28, 2011 12:47 pm

De antemano agradesco sus comentarios, amigo Nekko y Mishachan, espero que las cosas se arrglen y sigamos adelante con los proyectos en el foro seria una pena dejarlo abandonado. Se que Enlace no es el mas apropiado para el foro donde reina el romance, pero queria compartirlo. No pasa nada si no lo leen pero sus comentarios me ayuda a saber donde estoy mal. Gracias de nuevo y les mando un abrazo a todos.

Capítulo 9.- La comunidad.

Cinco años atrás una pequeña niña era testigo de cómo un grupo de policías asesinaban a su familia por un problema de drogas. La pequeña huía y era encontrada por su vecino quien le ofreció refugio y protección temporal. Con el tiempo el hombre le tomo cariño a la pequeña que con el paso del tiempo ella descubrió que aquel hombre se llamaba Léon y era un asesino a sueldo.

La pequeña en busca de venganza intento asesinar ella sola a Norman Stanfield, jefe del departamento antinarcóticos, un policía corrupto y responsable de la muerte de los padres de la niña. La operación resulto ser un fracaso y Léon tuvo que rescatar a la pequeña, sin embrago el rescate ofreció pistas a Stanfield para localizar a Léon y ponerle una emboscada.

Léon salvo a la niña pero tuvo que ofrendar la suya. Durante la emboscada, Stanfield logra dispararle a Léon por la espalda, y este logra llevarse a Stanfield en una terrible explosión. La niña busco refugio con el viejo Tony un amigo de Léon, quien por una promesa a su amigo; acepto cuidar a la niña.

En poco tiempo la pequeña tomo el lugar de Léon y se convirtió en una agente. Los rumores ayudaron a transmitir el mensaje que Léon no había muerto y aun operaba en el área. Actualmente la niña apunta a la cabeza de la única persona que conoce el secreto frente al cadáver del viejo Tony.

—Tu debes ser Mathilda…—dijo Alex tratando de mantener la calma. No sabia si se trataba de ella pero sabia que si se tratara de los policías el ya estaría muerto. No sabia cual de las alternativas era peor.

—Sabes demasiado. Debería matarte — dijo una voz suave mientras guardaba su arma —pero eso no me corresponde a mí. —

Alex sintió como el cañón bajaba lentamente y dejaba de apuntarle. Volteo lentamente pero sintió como la joven que le había robado el dije del Sol pasaba a su lado y dándole un empujón haciéndole perder el equilibrio mientras ella se acercaba al cuerpo del viejo Tony. La joven tomo el pulso pero no encontró nada. Alex miraba sorprendido como la chica no mostraba ninguna clase de expresión.

La joven se levanto lentamente y se dirigió a la salida. Alex la siguió pero la chica volteo apuntándole a la cara.

—Aléjate. Es por tu propio bien. — dijo la joven inexpresiva.

— Espera, yo… debo protegerte… —dijo Alex tratando de encontrar mejores palabras, sin embargo el mismo se dio cuenta de lo absurdo que sonaba aquello. La chica sabia cuidarse bien además de que el no estaba en condiciones para proteger a nadie. Esperaba una risa burlona de parte de ella sin embargo la chica no mostraba ninguna clase de emoción.

—Escucha, estamos en peligro tenemos que abandonar la ciudad, un grupo de policías están cazándonos a los agentes. —dijo Alex. —tenemos que ayudarnos si queremos salir vivos.

Se que nos están cazando, y se que tu no eres un agente. — dijo la joven bajando el arma y continuando su camino.
Alex estaba desconcertado, era obvio que ella sabia mejor que nadie lo estaba sucediendo y el era el que necesitaba ayuda.

—Espera por favor Mathilda.

La chica se detuvo un momento y volteo a ver de nuevo al joven.

—Tienes razón. Se que tu no necesitas ayuda pero yo si. Acabo de perder a lo mas cerca que tengo de una familia y estoy solo en un lugar que no conozco en medio de una guerra que no entiendo. — dijo Alex con la mirada baja tratando de entender el papel que jugaba en aquella locura. — Tu acabas de perder a alguien importante y sin embargo no derramas ni una sola lagrima por el, lo que me hace pensar que no te importa o que eres tan profesional que haces a un lado tus sentimientos. Como sea, te necesito.

La chica se acerco a Alex y lo miro fijamente a los ojos. Alex se sintió incomodo.

—Nunca has matado a nadie. Elegiste el peor momento para convertirte en un agente. — dijo Mathilda. — ¿Conoces a alguien de confianza?

Alex solo pensaba en Angelyc. Pensaba que era peligroso involucrarla en esto pero era lo único que tenia no solo en la ciudad si no en el mundo.

— Si, pero esta lejos de aquí. — contesto Alex.

La chica lo pensó un momento.

— Te ayudare a salir de la ciudad, después es tu problema. — dijo Mathilda.

— ¿Podrías devolverme el dije? — pregunto Alex.

—No. — contesto Mathilda.

Los dos salieron del lugar apresurados, Alex rengueaba la pierna herida mientras Mathilda avanzaba segura por la calle. Alex tropezaba con la gente cuando de pronto leyó de reojo el titular de un diario. Se detuvo un momento frente a una maquina expendedora. Saco unas monedas de su bolsillo y tomo un diario.

La nota hablaba acerca de la explosión en el bar del día anterior, informaba que había sido un acto terrorista de un grupo radical, hablaba de 13 muertos más el terrorista suicida y una acompañante. Alex no cabía de rabia al ver como su amigo era reducido a terrorista radical. La nota era tendenciosa y exaltaba la lucha de las autoridades contra el terrorismo así como la lucha por la justicia y la libertad. Las victimas eran solo relleno en el discurso que las mencionaban solo una vez.

Alex trato de correr tras Mathilda para mostrarle el diario pero ella lo tomo y lo tiro a la basura. Alex lo recogió y trato de seguirle el paso. Llegaron a una parada de autobuses y tomaron el primer bus que paso. Mathilda se sentó en la parte trasera y Alex la siguió. El joven trataba de hablar de lo sucedido pero la chica ni siquiera lo miraba.

Después de una calles llegaron a un taller mecánico Mathilda entro entre las miradas de los mecánicos que al parecer ya la conocían y se hacían a un lado. La sorpresa de los hombres era mayúscula cuando miraban a Alex detrás de ella caminando con mucho trabajo.

Alex perdió de vista a Mathilda y avanzo más despacio. El tobillo le dolía mucho debido al esfuerzo. Descanso un momento entre un par de motores donde pensó que no estorbaría a nadie entre aquel bullicio. Después de un momento Apareció Mathilda que lo miraba con la misma expresión de siempre haciendo un movimiento con la cabeza para indicar que la siguiera.

Entraron a una pequeña oficina. En el lugar había solo un hombre con un overol y una gorra. Tenia grasa en la ropa y en la cara, avanzo hacia Alex mientras se limpiaba las manos con un trapo viejo que parecía ensuciar más de lo que limpiaba.

—Así que esto es lo que queda del viejo Luc. —dijo el hombre con voz áspera y un acento tosco. — Por lo visto el no quería un sucesor, quería un hijo. O tal vez una hija. — Dijo mientras miraba las manos finas de Alex al mismo tiempo que soltaba otra carcajada.

Alex frunció el ceño. No sabía quien era aquel tipo pero sin duda conocía a Luc.

— ¿Quien es usted y como conoce a Luc? Pregunto Alex. —Mathilda que hacemos aquí. —

El mecánico se sorprendió y soltó una pequeña carcajada.

—Que malos modales tienes chico. —Contesto el hombre, luego volteó a ver a Mathilda que se encontraba en un rincón con los brazos cruzados. — ¿Por qué no lo mataste? Hubiera sido más benévolo. — dijo el hombre soltando nuevamente una carcajada que hacían sentir incomodo a Alex. Bromear con su propia muerte no le parecía divertido.

El hombre sentó a Alex en una vieja mesa de trabajo de metal. Luego acerco un pequeño banco mientras le pedía a Alex que se quitara la bota. Alex tardo un poco debido al dolor lo que interpreto el hombre como un signo de debilidad. El chico trato de ocultar su dolor pero ya era tarde.

El hombre reviso el tobillo y masajeo con fuerza. Alex hacia muecas pero no emitía ninguna queja. Después de un rato el hombre coloco una venda sucia. Alex estaba sorprendido por aquella habilidad del hombre pues el dolor había disminuido hasta casi desaparecer. Sin duda aquel hombre sabia lo que hacia.

—Listo, quedara como nuevo en un par de días. Ahora, hablemos de lago mas divertido, como mis honorarios por ejemplo. —dijo el hombre.

—No tengo dinero ahora pero le pagare. Solo debo recoger algo… —dijo Alex antes de ser interrumpido por Mathilda.

— ¿Cuando solicitaste ese dinero? —pregunto la chica.

—Ayer por la noche. — contesto Alex sorprendido de que ella supiera todo.

—Ese dinero caduco esta mañana. Ya no estará ahí. — dijo Mathilda.

—Vaya chico, tienes mucho que aprender. Lo apuntare en tu cuenta Mathilda. —dijo el hombre mientras tomaba el trapo viejo y se ensuciaba las manos que se encontraban limpias después de atender a Alex y ahora la mugre se encontraba en por todo el tobillo del joven y en la venda que lo rodeaba. — ¿Y ahora cual es el plan? Esto es una carnicería, estamos cayendo como moscas y ahora sin Luc no queda nadie. Son tiempos muy difíciles. Creo que se acerca nuestro fin.

Alex estaba sorprendido por las palabras de aquel hombre, parecía que el también era agente o alguna vez lo fue, sin embargo su aspecto no coincidía con el concepto que tenia Alex de un agente, sin embargo, Mathilda tampoco parecía una asesina, sus ojos decían que era capaz de asesinar sin titubear pero había algo en ella que reflejaba cierta compasión. Algo de lo que carecían muchas personas.

—No tenemos la fuerza para enfrentar a Seipher, su alianza con Lebitz y con el candidato Swarts lo hacen intocable. Debemos desaparecer. — dijo Mathilda inexpresiva.

—Pero si Swarts gana la elección Seipher será aun mas poderoso, ni que decir de Lebitz, ¿cuanto tiempo duraremos escondidos? y peor aun ¿cuando volveremos a operar? — dijo el hombre un tanto preocupado. — si es que volvemos a operar. Parece que estamos en jaque, es el fin de nuestro gremio. Nunca pensé que las cosas podrían empeorar pero parece que lo malo siempre puede empeorar.

El hombre volteo a mirar a Alex.

— ¿Qué harás con el? —preguntó el hombre dirigiéndose a Mathilda. —No durara solo ni un día.

—Lo ayudare a salir de la ciudad. Es todo. —contestó Mathilda.

—Le prometí al viejo Tony antes de morir, que te cuidaría, debemos estar juntos. — dijo Alex tratando de aportar algo a la conversación que le hiciera sentirse más que un simple espectador.

— ¡¿Qué?! ¡¿El viejo Tony esta muerto?! — dijo el hombre casi gritando. —Maldita sea, Mathilda, ¿cuando pensabas decírmelo? Mierda. Estamos acabados.

Mathilda miro fijamente a Alex que comprendía claramente su error.
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P.D. Esperaba cortar la historia pero la verdad es dificil resumir algo en lo que le dedicado un monton de tiempo asi que escribire aunque nadie lo lea, espeor no robar espacio a otras cosas. Saludos y no olviden comentar.
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Mensaje por Mishachan el Vie Abr 29, 2011 2:10 pm

nadie lo lea??? Me dijeron nadie T.T....... bueno a mi me gusto el cap! soy tu lectora y tu fan numero uno! jejejejejej xD todo se ve un desastre! Luc murió T.T y tony a quien no conocí mucho, resulta q Leon, tambien esta muerto.... ojala las cosaas mejoren en el proximo cap!!

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Mensaje por Zenyatzel el Sáb Abr 30, 2011 11:06 pm

wow estoy leyendo poco a poco ya que no he tenido mucho tiempopero estoy atrapada con esta hsitoria, es muy cruel pero muy buenaespero seguir leyendo
besos y saludos
continuare poco a poco

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Mensaje por Allstar el Mar Mayo 03, 2011 9:55 am

Misha querida, tu eres muchas cosas y te agradesco por seguirme leyendo, se que puedo contar contigo y espero que te guste lo que escribo. Lo que decia es que me gusto mucho el recibimiento de Alicia pero parece que Enlace no tiene eso que les gusta a las chicas, creo que es mas para chicos pero creo que esta bien, quisiera hablar de muchos temas no solo de romance, porque la vida esta llena de matices y asi como hay dulce, tambien hay acido salado y hasta amargo. Probar solo un sabor nos limita y no sabremos de que nos estamos perdiendo si no nos atrevemos a probar. Espero que les guste este capitulo y de nuevo gracias. [url=/u14]Zenyatzel[/url] linda, no te desaparescas tanto tiempo, espero verte mas seguido por el foro. No te olvides que aun estamos aqui.



Capítulo 10.- El legado de Léon.



Mathilda y Alex caminaban por la calle mientras la tarde se marchaba dejando un velo frío. El aroma a comida callejera llegaba a Alex que moría de hambre pues no había probado comida desde hacia veinticuatro horas.



Mathilda avanzaba al frente, Alex la seguía con trabajo. Su pie lastimado ya no le dolía tanto pero sabia que no estaba completamente repuesto y debía ser cuidadoso para no empeorar las cosas. Mathilda entro a un edificio seguida por Alex, se trataba de un hotel. Mathilda pidió un cuarto, el encargado la miro de arriba abajo y enseguida apareció Alex detrás de ella, el hombre solo sonrío como tratando de mostrar algo de complicidad.



Mathilda pago en efectivo y los dos jóvenes subieron las escaleras hasta llegar a un segundo piso. El edificio estaba ubicado en una calle ruidosa pero con una buena vista de la ciudad. Alex se sorprendía del tamaño de la misma mientras se sentaba en la cama.



—¿Que hacemos aquí? —Pregunto Alex dejando escapar una sonrisa. Mathilda recorría las habitaciones y miraba por las ventanas los edificios vecinos.



Alex al no recibir respuesta dedujo que estaba identificando el área y buscando los lugares mas susceptibles para un ataque y posibles rutas de escape. Luc le había enseñado a el como hacerlo pero de momento se sentía relajado y lo había olvidado. Sabía que Mathilda no se lo perdonaría y se recrimino por su actitud tan poco profesional.



—Tomare un baño. —dijo Mathilda. —Vigila y trata de no llamar la atención.



Mathilda desapareció detrás de una pequeña puerta desgastada. Alex encendió el televisor. En la pantalla apareció una escena de una película pornográfica, el sonido era muy alto por lo que inmediatamente los jadeos llenaron la habitación. Alex apago el televisor mientras se sonrojaba, esperaba que Mathilda no hubiera escuchado pero el cuarto era tan pequeño que indudablemente se podía charlar de un cuarto a otro.



Alex miro alrededor. Se dio cuenta que aun tenia el diario de ese día arrugado y marchito enrollado en una de las bolsas de la chaqueta. Saco el periódico y se puso a leer. Las notas hablaban de muchas cosas irrelevantes para el, fuera de la nota que hablaba del incendio en el bar. Cuando estaba a punto de tirarlo a la basura, pudo leer un nombre en un anuncio. Se trataba de Leonard Swarts, candidato a gobernador.



Alex se sorprendió mucho. Apenas unas horas había estado en una conversación que incluía a un candidato y ahora se daba cuenta que era del candidato a gobernador del país donde se encontraba. Se sintió parte de algo muy grande pero al mismo tiempo se dio cuenta de lo pequeño que era comparado con lo que enfrentaba.



Siguió leyendo el periódico buscando más información pero lo que leía le parecía un discurso preparado para resaltar sus atributos y ocultar sus defectos. Trato de atar los cabos pero sabia que era inútil intuir algo que su compañera sabia.



Tiro el periódico y se dispuso a quitarse la chaqueta cuando recordó el dispositivo. Lo encendió para hacer las preguntas adecuadas realizo la confirmación rutinaria y comenzó una trasmisión, pero esta vez apareció solo un mensaje que decía “Red insegura. Inténtelo mas tarde”

Mathilda salio del baño con la misma ropa con la que entro solo que ahora estaba descalza, Alex la miraba perplejo. Su cabello estaba húmedo y se pegaba a su rostro, La joven recorrió las mechas que cubrían sus ojos mientras el la seguía con la mirada. Alex no podía entender como una chica como ella podía ser una agente.



—Eres Hermosa. — dijo Alex. — ¿Porque eres una agente? Podrías hacer cualquier cosa que tú quisieras. ¿Por qué elegiste esta vida?



Mathilda por primera vez parecía sorprendida, pero no contesto nada. Continúo secándose el cabello dándole la espalda a Alex.



—Es tu turno. — dijo Mathilda.



Alex entro al baño, arrojo su ropa afuera y se dio una ducha. Tardo más tiempo que ella pues limpio la grasa que le había dejado el mecánico en el tobillo. Se sentía mejor. Lavo la venda y la volvió a colocar con mucho cuidado pero sin la misma pericia.



Cuando salio del baño con la toalla en la cintura, Mathilda no estaba ni su ropa. El miedo se apodero de el. Recorrió la pequeña habitación y se asomo por la ventana. Sentía que la sangre le hervía al sentirse engañado. Maldecía para sus adentros, se quito la toalla y la arrojo contra una pequeña lámpara de noche que cayo al piso sin romperse. Quería gritar, pero sabía que era una locura. Estaba completamente indefenso, en un lugar completamente extraño y estaba desnudo en un viejo hotel de paso sin dinero y sin el dispositivo. Lo que mas le dolía era el hecho de saber que había perdido el dije de Luc.



Tomo el teléfono y comenzó a marcar uno número cuando de pronto se abrió la puerta. Era Mathilda con la chaqueta de Alex y unas bolsas de papel. Al entrar Alex estaba parado frente al teléfono. Trato de cubrir su desnudez con el teléfono pero la escena era aun más absurda. Mathilda se sonrojo un poco lo que le ocasiono gracia a Alex al saber que después de todo ella también tenia sentimientos.



Mathilda puso las bolsas sobre la cama y le arrojo la chaqueta mientras evitaba mirarlo. Le entrego a Alex una de las bolsas, dentro, había un cambio de ropa completo. Alex se vistió rápidamente, la ropa le quedaba un poco grande. En la otra bolsa había comida. Al parecer Mathilda conocía el lugar y sabia donde conseguir víveres rápidamente.



Tomaron cada quien un par de emparedados, y comieron sentados en el piso. Alex termino rápidamente su emparedado y Mathilda le ofreció un vaso de leche. Alex lo rechazo pero Mathilda insistió. El joven termino bebiéndolo todo. Después de cenar Mathilda se recostó en la cama y Alex en el piso. La chica le ofreció una almohada y una frazada. Acto seguido apago la luz, era temprano por lo que el joven no tenia sueño pero no había nada mas que hacer de momento.



— ¿Quién es Seipher? —pregunto Alex.



Mathilda tardo un momento en contestar.



—Es el nuevo jefe de la división de narcóticos de la policía, el hombre que les puso la trampa. — contesto Mathilda desde la cama.



Alex se levanto rápidamente. La idea de venganza pasó por su cabeza pero sabía que era una idea irrisoria. Aquel hombre era el cazador. Les había puesto una trampa, los llevo a un lugar lleno de gente donde sabia que Luc nunca se atrevería a disparar para evitar el daño colateral, los utilizo a todos como escudos humanos. También utilizo de señuelo a WhiteLady, lo cual era una bajeza y una cobardía, además, contrato a dos agentes para capturarlo y por último no le importo asesinar a gente inocente para cubrir su rastro. Alex pensaba que esa clase de personas no eran reales.



— ¿Porque nos están cazando? —pregunto Alex.



— Porque nos temen. —contesto Mathilda.



Era la misma respuesta que había dicho el viejo Tony. Alex sabia que se acercaban grandes cambios pero no alcanzaba a imaginar que tan profundos seria y las consecuencias que traerían. A los ojos de la sociedad, los agentes eran una plaga pero la realidad era que la plaga ya había carcomido el corazón de las grandes instituciones gubernamentales.



Alex entendió aquella conversación de Mathilda con el mecánico, Seipher tenía contactos muy poderosos y era prácticamente intocable. Un ataque frontal era una muerte segura y ahora estaba solo. El chico se volvió a acostar.



—Perdona por dudar de ti. — dijo Alex.



—¿A quien ibas a llamar? —pregunto Mathilda.



— A mi novia… se llama Angelyc. —Contesto Alex. — Vino con su padre en un viaje de negocios, espero que ella pueda ayudarnos a salir de esta pesadilla.



Mathilda ya no contesto nada. Alex se quedo dormido al poco tiempo.



Al día siguiente los dos se levantaron temprano, Alex encendió el dispositivo y se comunico con “J” Alex le solicito dinero, una suma importante pero Mathilda le recomendó que fuera una suma mas modesta para no llamar la atención. “J” solicito un lugar para la entrega. Los jóvenes acordaron que seria en la terminal de autobuses.



Alex vestía la chaqueta normalmente caminaba mejor, Mathilda avanzaba a su lado. Tomaron un taxi y un autobús que los llevo a la central. Alex se dirigió a una cabina telefónica pero por recomendación de Mathilda fue muy breve en su mensaje y no menciono puntos de encuentro ni nombres.



Alex le contó a Angelyc que necesitaba su ayuda a lo que la chica acepto gustosamente. Alex se dirigiría a su casa pero al moverse en autobús tardaría un par de días. Los dos estuvieron de acuerdo.



El dinero se encontraba en el lugar acordado, Alex se sentía mas cómodo al saber que tenia poder adquisitivo. Incluso invito a Mathilda a almorzar mientras esperaban su autobús.



En una de las mesas vecinas un hombre sacaba fotos de la pareja y la mandaba por correo electrónico. En otro lugar las fotos eran recibidas e impresas, por un hombre vestido con una camisa un unos grandes audífonos.



—Señor tenemos un par de sospechosos. — dijo el hombre dirigiéndose a un superior.



Un hombre tomaba las hojas y pedía a otro, información acerca de los chicos. Un joven desgarbado escuchaba música a todo volumen con sus audífonos cuando es interrumpido por otro hombre trajeado.



—No hay registros en los archivos generales. — contesto el joven mientras se volvía a colocar los audífonos.



— Revisa en el informe y los archivos clasificados idiota. — dijo el hombre del traje mientras golpeaba con la alma los audífonos del joven. —cualquiera sabe que esos archivos están censurados.



Minutos después el joven logra encontrar información acerca de Mathilda. Uno de los archivos habla del caso Stanfield y logra relacionar a la pequeña con Léon. Todos los hombres celebran mientras se puede ver fotos de Léon en diferentes tomas tapizando las paredes. Uno de los hombres toma el teléfono y marca un numero.



—Señor, ya tenemos información. Encontramos a la niña. Esta en la terminal de autobuses… Si señor… investigaremos su destino… si señor… prepararemos la bienvenida… muy bien señor. Adiós.



En otro lado, Seipher Stanfield colgaba el teléfono móvil mientras se encontraba frente a el rostro sanguinolento del mecánico que se estaba atado a una silla.



—Dijiste la verdad. No te are sufrir más. — dijo Seipher mientras sacaba un arma entre sus ropas y disparaba a aquemarropa en la cabeza de su victima. — quemen todo. —decía a sus hombres mientras se limpiaba la sangre, sesos y cabello de las manos.
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Perdon por la violencia exesiva pero es parte de la narracion. Imagina que estas siendo perseguido por una persona asi. Quiero trasmitir lo que sienten los personajes y creo que esta es una forma de hacerlo, no pretendo ser amarillista ni explotar la violencia pero el mundo en el que se desarrolla la historia es muy crudo y hay que aceptarlo si se quiere sobrevivir. Espero sus comentarios quejas dudas aclaraciones etc. Gracias de nuevo.

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Mensaje por Mishachan el Miér Mayo 04, 2011 12:02 am

por ni escriba como a usted le nazca! xD a mi m encanta como escribes pues siento ver una película y me emociono y todo xD jejej y pues que mal que bajen la guardia y ya los cacharon pero como saberlo?? y ahora mataron al mecánico q estaba con mathilda y le curo la herida a alex no? T.T espero tu próximo cap!!

y bueno mi niño! yo soy una chica y a mi me gusta! jejej ademas Los Fic que están son todos de romance, el mio también lleva romance! jeje solo que con otros condimentos jejeje es bueno tener algo variado no? a mi me gusta ! XD ademas a los chicos aunque comenta poco lo leen! er

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Mensaje por Allstar el Miér Mayo 11, 2011 5:46 pm

Aun sigo vivo....

Capítulo 11. Miedo.

Cuarenta años atrás, un joven Seipher Stanfield y su hermano Norman Stanfield; llegaban corriendo a la casa de “El rojo” un hombre adinerado y corpulento que manejaba los negocios en el barrio. La casa de este personaje era suntuosa dentro de los cánones de esa época, el se encontraba en el jardín donde había un grupo de niños que esperaban a ser recibidos por el hombre que mas admiraban. Una de las razones de tal afecto era que cuando salía a pasear por el vecindario, les regalaba dulces y dinero a los niños que a cambio lo miraban con respeto y acudían a el cuando tenian problemas con sus padres como aquel día de verano.

“El rojo” siempre tenia una expresión tranquila a pesar de las malas noticias que solían llegar. Los chicas adivinaban cuando un empleado, de los cientos que tenia; le traía malas noticias. Normalmente el mensajero llegaba con la cabeza baja y las manos temblorosas a dar las noticias que le susurraba al oído. “El rojo” lo abofeteaba y le decía que se marchara. Nunca se le veía molesto.

Norman y Seipher llegaron aquel día para hablar con el rojo y pedirle dinero para comer pues su madre los había castigado de nuevo por pasar tanto tiempo con el. El hombre solo sonreía y hablaba de lo importante que eran los niños y lo mucho que los quería. Ese día, un mensajero apareció por la puerta del gran jardín donde el rojo atendía a los pequeños.

De pronto la expresión del rojo cambio, ordeno a los más pequeños que se marcharan. Seipher estaba en el rango de niños que debían marcharse pero Norman insistió que se quedara. El rojo acepto pero le dijo que tendría que responder por el. El hombre se dirigió al interior de la casa acompañado de un pequeño grupo de niños. Al llegar a una escalinata un guardia les detuvo el paso a los pequeños y a cambio recibió una reprimenda del hombre.

—Idiota. Un día estos niños ocuparan tu lugar y no cuestionaran mis decisiones. Deberías ser como ellos. — dijo el Rojo a empleado. — Miren niños, esto es lo que deben evitar. —dijo el hombre señalando al empleado.

Al llegar a un puerta, el rojo encontró a mas empleados que miraron como su jefe era acompañado por niños, los hombree titubearon pero nadie se atrevió a decir nada. En la habitación no había iluminación solo la luz que se filtraba por agujeros en las paredes de madera de lo que parecía ser un viejo cobertizo. En el fondo de la habitación se podía ver la silueta de un hombre sentado en un silla.

—Así que tú eres la rata. Dime… cuanto te ofrecieron por mi vida. — el hombre de la silla no contesto, solo temblaba gimoteaba mientras el rojo sacaba un fajo de billetes y se los arrojaba a la cara. —Cuanto vale para ti la vida del que te saco de las calles. ¡Contesta! — acto seguido abofeteo con tanta fuerza que el hombre callo de espaladas mostrando que estaba atado a la silla.

Los empleados corrían enseguida a levantarlo mientras el Rojo se dirigía a los niños.

—Mis queridos hijos, yo les puedo ofrecer todo lo que necesitan y mas. Nunca pasaran hambre de nuevo. Lo único que pido a cambio es lealtad y respeto. —dijo el hombre mientras levantaba el puño.

Los niños miraban aquel espectáculo fascinados por el poder que desprendía aquel personaje. Era embriagante ver a aquel hombre temido y respetado por todos hablando con ellos como si fueran su igual.

— Quiero darles una lección, a todos los aquí presentes. El poder radica en la fuerza, la fuerza en la lealtad, y la lealtad en el amor. Este hombre es mi sobrino. Este hombre es sangre de mi sangre y me vendió a mis rivales por un puñado de dinero. —dijo el hombre a los pequeños que no cabían en la sorpresa. —¿Qué debo hacer con el? ¿Qué harían ustedes si alguien los traicionara?

—Hay que matarlo. — dijo una voz infantil dentro del grupo. Se trataba de Seipher.

El resto de los niños apoyo la idea. El hombre sonrío entre la penumbra y relució un diente de oro, se acerco al pequeño y lo tomo de la mano. Levanto la mano extendida pidió un arma a uno de sus empleados que estaban a sus espaldas y que titubearon un momento adivinando lo que pasaría. El Rojo repitió la orden con voz fuerte y enseguida sobre su mano descansaba un arma. Coloco al pequeño frente al hombre y puso la pistola en la mano infantil que apenas podía sostener aquel artefacto.

Seihper temblaba emocionado, el arma de confería un poder que nunca se había imaginado en su corta vida, el aroma metálico, el peso, las estrías en el mango lo hacían sentir capaz de dominar al mundo. Volteo la mirada para ver a su hermano que lucia sorprendido, el resto de los niños no ocultaban su sorpresa y lo miraban asombrados. Seipher sentía la envidia de los demás niños que susurraban entre ellos la hazaña.

—Ahí lo tienes hijo… hazme sentir orgulloso. —

EL jefe de la división antinarcóticos Seipher Satnfield viajaba molesto en el asiento trasero de su lujoso auto mientras miraba por la ventanilla las calles de su antiguo barrio y veía como los jóvenes caminaban por sus calles sin mostrar lo que el consideraba “respeto”. Añoraba lo tiempos en los que había un líder que era temido y venerado por todos. Imaginaba como era caminar por esas calles y ser reconocido por la gente que se habría a su paso entre el temor y el respeto, justo como lo hacían cuando el Rojo salía a las calles.

Seipher era sin duda un hombre poderoso y temido pero solo dentro de su círculo social. Era un hombre recto y respetable para la sociedad que le encomendaba el cuidado de sus hijos através de su división en la policía. Sin embargo para Seipher Stanfield los adictos eran seres débiles e inferiores que no merecían vivir. Los vendedores eran algo más que marionetas que eran desechables cuando ya no pudieran ofrecer la cuota que el mismo había establecido. Además nunca faltaba alguien que lo sustituyera.

—El mundo es una mierda. — dijo Seipher. —Tenemos que arreglarlo.

Un mensaje apareció en el teléfono móvil que lo regreso a la realidad. Se trataba de un asistente del candidato Swarts que le recordaba la tarea que le había encomendado. Seipher solo marcaba otro número y daba una orden.

—Deshazte de ellos, ya sabes que hacer. — dijo por teléfono y colgó en seguida guardando su teléfono móvil en el bolsillo de su traje de casimir. En el fondo le gustaba sentir el poder que le otorgaba el ordenar la ejecución de una vida. Lo hacia sentir mas cerca de su meta.

En otro lugar en las calles de Paris un hombre destruye un teléfono móvil y lo arroja a un río, enseguida en una calle pequeña finge un asalto y asesina a un par de jóvenes vacacionistas que resultan ser los hijos de un gran empresario Norteamericano que apoya la candidatura del rival de Swarts.

De vuelta en America, Mathilda y Alex descendían del autobús en su primera escala. El viaje había resultado cansado debido a lo caluroso del clima. Alex se detuvo para hablar por teléfono, Mathilda se dirigió a comprar los boletos para su siguiente viaje. Alex se dio cuenta que solo tenia billetes de alta denominación para hablar por teléfono, así que se dirigió a uno de los pocos locales que se encuentran abiertos y le pregunto a la encargada si podría cambiarle un billete por monedas.

La mujer miro de reojo a Alex mientras resolvía un crucigrama en una de las últimas páginas de un diario viejo.

—Solo si compras algo. —respondió la mujer sin despegar la vista del mostrador.

Alex miro a su alrededor, se trataba de una florería, el lugar tenia un aroma agradable, de momento Alex estaba lejos de Angelyc como para considerar llevarle flores. Alex se acerco a un aparador donde las flores descansaba en baldes llenos de agua. Miro algo que pudiera comprar mientras se preguntaba si a Mathilda le gustaban las flores. La imagen que tenia de ella no consideraba si quiera que tuviera una flor favorita.

El chico se acerco a un grupo de rosas, las miro fijamente un rato hasta que encontró una con especial belleza. Era una hermosa rosa con pétalos de terciopelo y un rojo intenso. Alex pensó que las rosas eran muy comunes entre los enamorados, incluso el le había regalado rosas a Angelic muchas veces pero ahora que lo pesaba no sabia si estas eran de su agrado. Tomo la rosa tratando de no estropear las demás cuando de pronto sintió como una de las espinas se enterraba en su dedo índice.

Alex río un momento pensando que definitivamente esa rosa era como Mathilda mientras de chupaba el dedo para limpiar la sangre. Tomo la rosa con mucho cuidado y la llevo al mostrador. La mujer tomo la rosa y corto una parte del tallo actuando mecánicamente como si estuviera concentrada aun en su crucigrama. Tomo el billete y entrego el cambio y la rosa a Alex que solo agradeció con una sonrisa que la mujer ni siquiera volteo a ver.

Mathilda esperaba con los brazos cruzados cerca de la cabina telefónica donde se supone que estaría Alex, el joven se acerco y le explico la situación mientras sostenía la rosa bocabajo con cierta torpeza. Mathilda miro la rosa sorprendida. Alex al notarlo la levanto la flor y se la entrego mientras le decía que le recordaba a ella. Mathilda lo miro con la cabeza agachada, su expresión lucia molesta, Alex se dirigíos a la cabina telefónica para evitar disgustarla aun mas y marco un numero.

Mathilda estaba sorprendida, miro detenidamente la rosa que era hermosa de pétalos carmesí. Repaso las palabras de Alex, Mathilda repasaba en la mente las palabras de Alex, nunca nadie le había dirigido palabras así, pero sabía lo que podrían significar. Un leve rubor apareció en el rostro de la joven que no dejaba de mirar la flor. Mathilda creció en un internado de señoritas por lo que siempre escucho a las demás chicas como alardeaban cuando un chico les regalaba flores. Ella siempre estuvo ocupada en sus misiones y practicando que aquella visión de tener una vida normal era nula.

Mathilda era muy retraída y sus compañeras la evitaba por miedo desde aquella vez que una chica que la trato de molestar fue enviada a la enfermería y ella castigada. Mathilda sabia como desarmar a un enemigo, como intimidarlo y en caso de ser necesario como dejarlo inconciente con sus propias manos, sin embargo se sentía como una novata al no saber como responder ahora que un chico le regalo una rosa. Alex era un extraño, el heredero de Luc Delacroix sin embargo era demasiado noble como para ser un agente, sin duda esa era una razón por la cual Luc lo eligió.

—Hola mi amor, estoy mas cerca de ti… si te extraño mucho… pronto mi amor, te un poco de paciencia… —decía Alex por teléfono mientras Mathilda escuchaba afuera de la cabina mientras esperaba al joven.

El sonido local anunciaba la salida del próximo autobús y el número de puerta, Alex volteo a ver a Mathilda mientras señalaba la puerta sin soltar el teléfono.

— Si, pasado mañana. Ok. Yo también te amo. Adiós. — dijo el joven antes de colgar el teléfono.

Alex salio de la cabina lleno de energía, tomo la maleta de Mathilda y la cargo camino al autobús mientras le decía a Mathilda que se hacia tarde. Alex lucia tan contento que parecía otro. Mathilda miro sorprendida aquella metamorfosis tratando de recordar lo que se sentía estar enamorado, pero sus recuerdos guardaban más dolor que amor. Tomo la rosa por los pétalos y la estrujo para después dejarla caer en pedazos mientras se dirigía hacia el autobús.
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Mensaje por Mishachan el Jue Mayo 12, 2011 10:55 pm

ohhhh tiene corazon!!!!!! Mathilda tiene corazon!!!! xD jejeje yo la vi tan seca y seria xD todo el tiempo! jejej pero pobre rosa como me la estrujaron por un mal amor..... yo te doy otra mathilda!
yu
Me gusto El cap, alex y mathilda se están llevando mejor xD pero eso no quiere decir q termine bien,....
y sentí tanta rabia como "el rojo" manipula a los niños con su poder..... eso es algo demasiado triste pero es mas común de lo que se cree

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Mensaje por Allstar el Jue Jun 02, 2011 3:30 pm

Hola, perdon por la ausencia tan ñarga pero he estado un poco ocupado. He aqui un capitulo mas, Gacias Misha, te mando un abrazo y espero que el foro continue vivo...

Capitulo 12.- Furia.

En todos los noticieros del Norteamérica se hablaba de la muerte de Seth, el hijo del poderoso empresario Julius Morden, el hombre que acuño su propia empresa a base de mucho esfuerzo. La historia de Julius es muy conocida, al menos la versión que se dio a conocer en sus múltiples entrevistas. Se trataba de un joven de una familia humilde que invento un paquete informático para trabajar mas eficientemente que seria la base de los nuevos dispositivos portátiles de alto rendimiento y base para la creación de los codec, que oficialmente eran del uso exclusivo de ejercito.

El software salio al mismo tiempo que el de otro joven llamado Santiago Renault, pero después de un juicio lleno de incongruencias la patente la gano Morden, quien se encontraba retirado. Su principal ocupación durante su retiro era escribir libros con consejos y anécdotas para los jóvenes emprendedores. Trataba según el, de aportar algo al mundo para hacerlo un mejor lugar, por lo que apoyaba la politica del candidato Hallen “Hal” Core y su propuesta de incentivar el empleo de jóvenes y enfrentar directamente a la delincuencia organizada.

La situación Política de uno de los países mas poderos del mundo pendía de un hilo. El descontento general y los sucesos que corrían paralelamente a una elección muy reñida, daban los primeros indicios de convertir aquello en un semillero de fanáticos que anunciaban el fin del mundo. Las tazas de desempleo eran las mayores registradas en muchos años y la población vivia con miedo.

Los sucesos más recientes que daban la razón, la explosión en uno de los bares más concurridos de nueva York. Al menos, ese era el panorama que mostraban los noticieros antes de anunciar al vencedor del encuentro de basquetbol. Las iglesias anunciaban el castigo divino culpa de la falta de fe.

Alex miraba el paisaje a traves de la ventanilla del autobus. Trataba de entender como habia llegado a la situación en la que se encontraba. Hacia solo un par de semanas que su mayor preocupación era decidir un lugar donde llevar a cenar a Angelyc , ahora trataba de salir de una pesadilla donde el era la presa. Las palabras de Mathilda aun hacian eco en su cabeza.

—¿Alguna vez haz sentido remordimientos por alguno de tus “clientes? — pregunto Alex a Mathilda, el autobús estaba casi vacio por lo que nadie podia escuchar su conversación, aun asi Alex prefirió ser discreto.

Mathilda leia un diario con la misma expresión de siempre, parecia que todo el tiempo estaba aburrida o triste, sin embargo Alex comenzaba a acostumbrarse a verla siempre igual.

—No. — contesto Mahilda sin voltear a ver a Alex.

—¿No te importa la vida de las demás personas? —pregunto Alex.

Mathilda volteo la hoja del diario sin darle mucha importancia a la conversación de Alex.

— De verdad eres una profesional. — dijo Alex antes de voltear de nuevo hacia la ventanilla.

— ¿Que es lo que quieres saber? — dijo Mathilda sin dejar de mirar el diario. —¿Quieres una justificación para lo que hago?

— Solo trato de entender porque algunas personas no les importa la vida de otro ser humano. — dijo Alex. —Luc siempre tenia clientes que causaban un daño, sin embargo la mayoría de personas dirian que lo que hacia estaba mal.

—La gente siempre piensa en si misma. Pregúntale a alguien que le arrebata lo que mas quiere si no estaría dispuesto a vengarse. La mayoría diría que si y los que no, será porque tienen miedo a las consecuencias. — dijo Matilda. —tu mismo si fueras un agente, buscarías vengarte de Seipher.

— Si fuéramos capturados ahora mismo iríamos a la cárcel y la gente nos condenaría. Si supieran lo que paso realmente harían lo mismo con Seipher. — dijo Alex. — Pero se que la realidad es otra. Seipher es policía, y tienen influencias poderosas, nunca tocara la cárcel, y si gana Swarts será aun mas poderoso, y las personas a las que ha dañado vivirán sabiendo que sus familiares y amigos murieron para que un sujeto pueda vestir trajes costosos, viajar en autos ridículamente costoso, acostarse con prostitutas de lujo y beber tragos de mil dólares a costa de la vida de un ser amado.

—Así es. — dijo Mathilda.

— Y aun así somos lo malos de la historia. — dijo Alex decepcionado pero con una sonrisa mientras miraba a Mathilda. — Aunque pudiéramos con el, siempre habrá alguien mas que ocupe su lugar ¿no es así? Todos los días aparece un nuevo Seipher Stanfield.

— Un agente con mucho trabajo tiene maximo diez clientes por año. — dijo Mathilda volteando a ver a Alex. — ¿Quieres saber cuantas personas mueren en una guerra para que una decena de personas vivan en la opulencia?

Alex noto un aire de sarcasmo en la respuesta de Mathilda pero la seriedad del asunto no le permitió reír, además, él sabia incluso el nombre de las personas a las que Mathilda se refería. En una ocasión Luc le había hablado de eso. La información a la que tenían acceso como agentes, muchas veces era secreta, robada por sus contactos, sin embargo los documentos que Luc le entrego ni siquiera era secretos, solo habían sido cuidadosamente recopilados, solo hacia falta saber que buscar.

Alex volteo de nuevo a la ventana perdido entre sus pensamientos. Mathilda no lo habia dejado de ver, le parecia incrible que Alex creyera en la bondad en que tuviera principios, era como un niño que cree que esta descubriendo el mundo. Sabia que no duraría como agente.

Llegaron a la ultima escala de su viaje. La termianal de autobuses, salvo algunos detalles; parecia una copia exacta a la terminal anterior, lo que les dio la impresión de estar inmoviles. Los chicos estaban cansados, el proximo autobús saldria por la mañana, asi que decidieron descansar.

Se dirigieron a un hotel y pidieron una habitación. Mathilda revisaba la habitación como siempre pero mas relajada, la distancia la hacia sentir mas segura. Alex tomo su dispositivo y reviso la batería, aun tenia la mitad. Jugueteo un rato con el y luego lo encendio. De pronto noto que tenia un mensaje. Al parecer era urgente, cuando de pronto aprecio un mensaje de “J”

=J= Cuidado. La red no es segura pero me arriesgare. Estan en peligro, los han estado siguiendo. Te mandare la señal que intercepte, es en tiempo real.

Alex llamo a Mathilda cuando de pronto del dispositivo se escucho un sonido.

=Estoy en posición, tengo a los chicos en un cuarto de hotel. Alfa, tengo rodeados=

=Alfa= Eagle, tengo interferencia, ocúpate de ellos rápidamente y sin llamar la atención cortare para buscar al hacker que los ayuda.=

=Entendido Alfa. Cambio y fuera=

Acto seguido se escucho una voz en el pasillo.

—Mierda, esa es mi voz. — Se escucho detrás de la puerta.

Mathilda tomo a Alex de la mano y salieron corriendo por la ventana mientras la puerta era derribada por un hombre que apuntaba un arma, Alex tropezó con el antepecho de la ventana y cayo al piso de frente, para su suerte, estaban en la planta baja y la ventana daba a un jardín. Alex escucho un zumbido y sintió el aire caliente pasar cerca de el, se trataba de un disparo con silenciador.

Alex giro en el piso para hacerse a un lado y ver a su perseguidor, el volumen del hombre era tal que apenas pudo pasar por el hueco rompiendo el marco y haciendo añicos el cristal. Alex se sorprendió como al desenvolverse, aquel hombre parecía medir dos metros, tenia un arma en la mano derecha, los cristales llovían mientras el hombre se recuperaba para volver a disparar.

Alex reconoció el rostro del hombre, se trataba de uno de los agentes que estuvieron en el bar. El rostro de Alex se lleno de ira y desesperación al sentirse impotente, la rabia se mezclaba con el miedo. Se levanto tan rápido dando un giro, escucho otro zumbido. Al recuperar el equilibrio, pudo ver como Mathilda se recuperaba de dar una patada, al agente cuya arma giraba por el aire y se perdía en la obscuridad sin revelar su paradero, al parecer, ella había desviado un tiro que seguramente hubiera acertado en el cuerpo de Alex.

El agente se dirigió a ella soltando un golpe, Mathilda se movió rápidamente para esquivarlo, en seguido trato de huir pero el hombre se lanzo sobre ella alcanzando el pie derecho de la joven causando su caída. Inmediatamente, Mathilda comenzó a patear el rostro del sujeto que se cubría con la mano libre. Alex lo golpeo en el rostro tan fuerte como pudo, el dolor del tobillo se hizo presente pero esta vez fue menor. El sujeto soltó a Mathilda que aprovecho para levantarse.

Alex miro al sujeto que se levantaba, aquella mole parecía no sufrir ningún daño a pesar de tener pequeñas cortadas causadas por el cristal de la ventana, también había un poco de sangre en el labio inferior debido a la patada que Alex le propino en pleno rostro. Sin embargo no parecía conocer el dolor ni el cansancio.

Alex lo miro de frente, una parte de el le decía que corriera, pero otra quería vengarse de la muerte de su amigo. El sentido común fue consumido por la furia y Alex se quedo a encararlo.

La noche era obscura, pero uno de los faroles iluminaba el jardín a la vista de la recepción para evitar que los huéspedes del hotel huyeran sin pagar la cuenta. El hombre vestía de negro, tenía un uniforme con muchas bolsas que podían contener cualquier cosa. Tenia botas enormes con casquillo que podrían romper algún hueso de una patada, las manos eran grandes y toscas, y el rostro lleno de cicatrices señal de haber estado en muchas peleas.
El hombre al ver a Alex en guardia soltó una leve sonrisa, parecía estar relajado al ver a su cliente encararlo en vez de correr como seguramente muchos otros lo habían intentado hacer antes de clavarles una bala en medio de la espalda.

El hombre se lanzo contra Alex que estaba lleno de adrenalina, sus reflejos eran finos y precisos, el primer golpe del agente no iba con fuerza porque esperaba sorprenderlo con un revés, sin embargo el joven lo descubrió y pudo esquivar ambos golpes y asestar uno en el rostro de su rival. Alex sintió mucho dolor en el puño, parecía que hubiera golpeado un muro. El hombre se mantenía firme, escupió sangre a un lado y volvió a arremeter.

Alex estaba concentrado, sus ojos no dejaban de seguir las manos y los ojos del agente que parecía disfrutar una pelea frente a frente para variar. Una patada paso rozando a Alex que contesto golpeando las costillas del sujeto que parecía no sufrir ningún tipo de daño. Alex se percato que debajo de la ropa vestía una coraza que lo protegía, era como pelear con un tanque.

De pronto el hombre cambio de expresión y se lanzo a soltar golpes, Alex retrocedía pero pronto se encontró arrinconado, justo lo que buscaba el sujeto, que tomo a Alex de la ropa y lo arrojo al piso como si se tratara de un muñeco de trapo. Alex cayo a piso dando un giro quedando de espaldas de frente al sujeto, de pronto el hombre salio corrió hacia Alex para rematarlo con una patada, pero Mathilda lo pateo en la espalda haciéndolo perder el equilibrio, Alex levanto los pies para clavárselos en el vientre y lanzarlo por los aires.

El sujeto cayo al piso con gran fuerza y rodó por una pequeña pendiente del terreno como si fuera una gran roca, el peso y el volumen del agente hicieron que acelerara rápidamente y derribara una malla ciclónica que rodeaba el jardín y llegara hasta la avenida donde un vehiculo que venia a gran velocidad, hizo cambiar de dirección la carrera del agente, no si antes ocasionar grandes daños al vehiculo debido a al peso y la coraza.

En el asfalto descansaba el cuerpo del agente a varios metros del vehiculo mientras el conductor del auto se recuperaba de la impresión y los vecinos salían a asomarse tratando de descifrar la escena acompañados por los ladridos de sus perros. Mathilda tomo a Alex de la mano y salieron corriendo del lugar.

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Falta poco para que termine este fic, espero que pueda aportar algo al foro. Saludos.
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Mensaje por Mishachan el Vie Jun 03, 2011 4:33 pm

me hiciste buscar el diccionario!! xD hace años que no lo usaba! ( malla ciclonica)Question jejej me gusto el cap.. no me gusta cuando matan gente, pero este es un mundo tragico No ...
ojala todo termine para bien! espero tu proximo cap amore xD

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Mensaje por Allstar el Mar Jun 14, 2011 11:38 am

Hola, aqui esta otro capitulo de Enlace. Esta serie esta basada en una pelicila llamada Leon. El profecional. o el perfecto asesino. La historia tomo a los personajes principales pero se vuelve mas compleja de su referencia. La historia es algo cruda pero lo interesante es lo complejo que pueden llegar a se las deciciones que tomamos y el cambio que causan en nuestras vidas. Las referencias son obligadas pero actuales, cualquiera sin importar ncaionalidad, puede identificarse con los problemas planteados que son factor comun en todas las grandes ciudades.

Esta historia empieza como un experimento y termina con una historia super compleja de la cual he aprendido mucho. De momento solo publicare la primera parte que es esta.

Espero que les guste y gracias por su paciencia.

Capitulo 13.- El engaño.

Al día siguiente, los diarios hablaban con muchas reservas de aquel incidente donde aparecía en plena calle el cuerpo de un sujeto que presuntamente era un terrorista. Por otro lado en Internet circulaban cientos de teorías que implicaban la existencia de células de asesinos a sueldo patrocinadas por pequeños grupos de poder. La aparición del cuerpo de un agente, era el equivalente a encontrar el cuerpo de un extraterrestre, para los fanáticos de las conspiraciones. En pocos minutos el tema mas discutido en Internet era la relación entre los asesinatos de los hijos del señor Morden y las próximas elecciones.

El debate se hizo presente en muchos medios de comunicación que exigían una respuesta a los jefes policíacos. Estos negaban la existencia de tales grupos y confirmaban su lealtad y respeto a las leyes, también señalaban la nula relación entre los incidentes.

Mathilda y Alex se encontraban en un parque disimulados entre muchas jóvenes parejas que paseaban en el parque expresando su amor. Alex trataba de comunicarse con “J” pero este al parecer había desaparecido. Mathilda continuaba con su expresión neutral, portaba unas gafas redondas de sol que la hacían lucir fría y calculadora. Alex trataba de ocultar su nerviosismo pero la idea de implicar a Angelyc en este problema le aterraba.

—Que haremos ahora. —pregunto Alex visiblemente preocupado. —no se como lo hacen pero están muy cerca de nosotros. ¿Que pasa si llegan a Angelic?

—Tenemos que separarnos. —dijo Mathilda serena. — Si seguimos juntos seremos blanco fácil.

Alex estaba sorprendido de la frialdad de Mathilda después de causar la muerte de otro ser humano, pero tenia muchas otras cosas de que preocuparse por ahora.

—¿Como me comunicare con ella sin que nos rastreen? —pregunto Alex. —Tal ves ahora estén detrás de Angelic…

—Envíale un mensaje a “J” el lo codificara y lo enviara a tu novia sin que pueda ser rastreado. — contesto Mathilda mientras contemplaba a la gente del parque paseando y haciendo picnic. Le parecía increíble llevar una vida así pero no podía extrañar lo que no conocía.

Seipher Stanfield se encontraba en su oficina hablando por teléfono con el candidato Swarts, normalmente nunca se hablaban directamente pero esta era una emergencia. La plática era muy acalorada pues las elecciones estaban muy cerca y un error como este le podía costar la candidatura a Swarts, por lo que no podía arriesgarse a un escándalo de este tipo. Swarts advirtió seriamente a Stanfield que terminara la cacería, después de las elecciones podría continuar. Seipher dijo que obedecería la orden sin embargo al colgar el teléfono golpeo el escritorio con tanta fuerza que rompió el barniz y la madera.

Seipher sabia que si no lograba encontrar a aquellos jóvenes ahora, perdería el rastro de Leon. Aquella búsqueda le había costado cinco años y miles de dólares de los contribuyentes, ella era representaba un viejo error y el único enlace que tenia para encontrar al asesino de su hermano.

Mathilda Landó, la única sobreviviente de una familia a la que Norman Standfield y su gente asesino por un asunto de drogas. Si ella hablaba, la carrera que se forjo Seipher para llegar a ocupar el puesto de su hermano se irían a la basura. Seipher tenía demasiados asuntos que ocultar y una investigación medianamente organizada podía encontrar una relación entre Seipher y muchos asesinatos. Toda su carrera se cuido de cubrir su pasos pero la relación con el candidato y la captura de Delacroix lo habían hecho que se confiara pensando que atraparía también a Leon.

El plan de Seipher contemplaba muchas posibilidades pero nunca la aparición de Mathilda y el joven que la acompañaba. No había información de aquel joven por ningún lado. Seipher odiaba no tener el control y la sola presencia de aquel joven le molestaba en exceso, Un par de niños habían acabado con uno de sus agentes y ahora amenazaban con echar a perder los planes de un candidato a gobernador y el jefe del departamento de narcóticos.

En cualquier otro caso, Seipher hubiera negociado para resolver el problema. Unos cuantos sobornos a las personas indicadas podrían solucionar las cosas pero con Mathilda era personal. Sabia que no podía intentar sobornarla y el joven seguramente era un asesino profesional y debía ser muy bueno para haber eliminado a su agente, tal ves era el guardaespaldas de Mathilda. Solo le preocupaba que estaban esperando para hablar. Seipher se preguntaba donde se escondía Leon, porque no viajaba con ellos. Tal vez querían sentirse seguros o tal vez querían esperar el mejor momento para atacar o tal vez se encontrarían en algún punto acordado.

El tiempo se terminaba, y tenia que actuar rápidamente. Seipher mando un comunicado con la gente de su confianza e inicio la búsqueda de Mathilda, una testigo que debía ser localizada y puesta en arraigo. Era la única forma de buscarla utilizando todos los recursos de su departamento pero sin levantar sospechas que pudieran llamar la atención.

Mientras tanto, Mathilda y Alex almorzaban en una pequeña cafetería. El lugar estaba abarrotado por jóvenes parejas que disfrutaban el clima. Alex casi no había probado nada. Mathilda por el contrario había comido con apetito, parecía como si no le preocupara su situación o simplemente estuviera acostumbrada. Alex trataba de mandar el mensaje a “J” pero no había señal y la batería estaba por agotarse.

—¿Cual es el plan b? —se pregunto Alex en voz alta y en español. Mathilda lo miro através de las gafas redondas de sol.

— No tenemos plan b. —contesto Mathilda también en perfecto español. —Te dejare cerca de tu novia y nos separaremos. Nunca volveremos a vernos. Ese es el plan.

Alex estaba sorprendido, pensó que Mathilda también estaba preparada para cualquier situación incluso hablar con personas de otros países justo como lo había preparado Luc a el, sin embargo aun no sabía porque Mathilda era tan seria, tan inexpresiva. A veces sentía como si estuviera hablando con un robot, sin sentimientos. Cuando el viejo Tony murió, ella no demostró ninguna emoción, aun cuando en sus últimas palabras procuro mantener la promesa de cuidarla.

—¿Quien es Seipher Standfield y porque se ha tomado demasiadas molestias para deshacerse de nosotros? —pregunto Alex en italiano. — y no me digas que es mejor no saber demasiado, hemos pasado por muchos riesgos, me he ganado el derecho de saber quien… —Alex titubeo un momento. — Quien termino con Luc.

Mathilda bajo los lentes de sol para poder ver a Alex a los ojos. La luz matinal le permitieron a Alex ver los hermosos ojos de Mathilda tan cerca como nunca lo había hecho nadie, solo sus clientes antes de morir.

—Seipher apoya la candidatura de Swarts, —contesto Mathilda en francés. — si Swarts gana, el grupo de choque que maneja Seipher, mas los contactos que tiene con los traficantes de narcóticos, lo harán un hombre sumamente poderoso. Estará en ambos lados de la balanza, contará con los recursos de ambos bandos, busca vengarse de Leon porque mato a su hermano Norman Stanfield.

—Pero Leon esta muerto, según el viejo Tony, ambos murieron. — dijo Alex en francés. El rostro de Mathilda parecio mostrar una expresión por fin pero era enojo. Alex se dio cuenta que Leon era un tema delicado aun para Mathilda. — lo lamento, no conocí a Leon pero si tu lo tienes en tanta estima es porque debió ser un gran hombre como lo fue Luc para mi.

—Leon era un hombre maravilloso. — dijo Mathilda en alemán mientras se colocaba las gafas de sol. —Seipher no sabe que Leon… ya no esta operando. Quiere vengarse a como de lugar, por eso busca tener contactos poderosos para contar con su apoyo y lograr su objetivo, la venganza.

—¿Y que haremos? —pregunto Alex en portugués. — Si logra su objetivo será imparable.

—No podemos hacer nada. Tendremos que dejárselo a WhiteLady. —contesto Mathilda en latín. Alex movio la cabeza en señal de no haber entendido. Mathilda regreso al español y repitió su respuesta.

—Pero WhiteLady murió con Luc. — Contesto Alex en español sintiendo nostalgia, aun no superaba su perdida del todo.

Mathilda dejo de mirar a Alex mientras pagaba la cuenta.

—Whitelady no es una persona. — Dijo Mathilda en francés mientras se levantaba para marcharse. Alex se levanto detrás de ella, tratando de seguirle el paso y preguntar mas, por fin todo parecía tener sentido y sabia su lugar, no podía desaprovechar la oportunidad, Mathilda nunca hablaba y ahora lo estaba haciendo, era como si estuviera feliz por algo.

Antes de que Alex pudiera preguntar otra cosa, se escucho un sonido y Mathilda saco un dispositivo muy similar al de Alex, miro un momento la pantalla y luego lo guardo.

—Listo, “J” mando el mensaje y tu novia contesto, tenemos el lugar y la hora, espero que tu novia sea puntual. —dijo Mathilda sin dejar de caminar. —tenemos que abordar un autobús.

Alex estaba confundido, el no había mandado el mensaje, seguramente lo había hecho Mathilda, pero aun se preguntaba como sabia el numero de Angelyc, y en que momento lo había hecho sin que el se diera cuenta. Parecía que ese era el motivo por el cual Mathilda parecía contenta, por fin se desharía de Alex.

En otro lugar, un hombre uniformado llama por radio para dar aviso que ha encontrado a la testigo y se disponía a detenerla. Una voz le dice que solo investigue a donde se dirige y que mantenga informado. El agente de policía obedece la extraña orden sin hacer preguntas.

En otro lugar la información es enviada a un joven con aspecto descuidado y cola de caballo, rápidamente introduce algunos comandos en una computadora y en seguida aparece en la pantalla una ventana con el sistema de seguridad de la terminal de autobuses. El joven toma el control de una de las cámaras y la dirige a donde indico el guardia. El joven congela la imagen y compara con las fotos y los dibujos que tiene en una pizarra en una pared cercana. Luego envía la imagen a otro destinatario. En las oficinas de la policía, en el departamento de logística un hombre recibe la foto y la compara con otra en un muro similar. Confirma la identidad de Mathilda y envía la información a otra persona.

Algunos minutos después, en otro lugar a muchos kilómetros Seipher Stanfield recibe una llamada en plena función de teatro que se le informa que la chica ha sido encontrada. Seipher se levanta de su asiento y sale del teatro mientras ordena que le envíen un helicóptero, llama a un par de personas y se prepara para salir de cacería.
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Mensaje por Mishachan el Mar Jun 14, 2011 11:45 pm

ow!!!!! hablando en varios idiomas!!! que toque tan eficaz!!!!! xD
quien sera el traicionero? "J"???, tengo mis sospechas sobre otra persona pero es mejor esperar no?
y pues siempre las cosas los tienen q poner a su conveniencia no? lo digo por seipher, pero creo q mathilda se ha convertido en una obsecion pàra el!

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Mensaje por Allstar el Lun Jul 04, 2011 5:40 pm

Capítulo 14.- Caminando en la noche.

En uno de los teatros más importantes de la ciudad el candidato a la gobernatura de la ciudad de Nueva York Adam Swarts termino un discurso entre los aplausos de la gente que lo proclamaban vencedor de la próxima candidatura. La televisión y la prensa cubrieron el acto en la recta final de la campaña. Los medios estaban inundados de la imagen de Swarts después de que su rival Hallen Core perdiera el apoyo de uno de sus más importante benefactores, Julius Morden que había caído en una profunda depresión tras perder a su hijo.

Seipher Stanfield se dirigió al edificio de la Policía, en la azotea lo esperaba un Helicóptero. De pronto entró una llamada, el identificador mostraba el nombre del asistente de Swarts, sin embargo al contestar se trataba del propio candidato que preguntaba a donde se dirigía con un tono notablemente molesto. Seipher contesta que esta por arreglar el ultimo error de su hermano.

Swarts le ordeno que no lo hiciera nada, que se quedara en la ciudad o arruinaría todo lo que han logrado, el orgullo de Seipher se sintió pisoteado por lo que el consideraba un burócrata de segunda que el único valor que tiene es saber mentir a las masas.

—Terminare esto esta noche. — contesto Seipher, luego colgó el teléfono mientras se alcanzaban a escuchar gritos de Swart.

El helicóptero tomo altura, Seipher dudoso toma el teléfono y se dispuso a hacer una llamada el numero era privado. Un hombre contesta el teléfono, el ruido de las aspas hace difícil entender la conversación.

—Soy Stanfield, si se que no debería hablar ahora pero es una emergencia, necesito un grupo de los mejores hombres que tengas disponibles. Necesito arregla un asunto pendiente… si los necesito en Chicago a mas tardar esta noche… si les enviare los datos… te lo agradezco Lebitz. —acto seguido colgó el teléfono.

En un terminal de autobuses, Mathilda y Alex descendían de un autobús para dirigirse a un hotel y prepararse para la despedida. En el camino, los jóvenes aprovecharon para tomar un descanso, pasaron a comer a un centro comercial y compraron algo de ropa. Los dos permanecieron callados casi todo el tiempo. Mathilda a pesar de ser chica parecía siempre saber lo que quería con respecto a la ropa lo que Alex le parecía sorprendente al compararlo con las maratónicas compras de Anyelic.

Llegaron al hotel antes de que obscureciera. Alex estaba emocionado de ver a Angelic y no paraba de hablar de ella. Mathilda no parecía interesada en el tema aunque lo cierto es que nunca parecía estar interesada en nada en particular. Alex hablaba desde la regadera mientras Mathilda preparaba un arma, la limpiaba y la volvía a ocultar dentro de las nuevas ropas. De entre su inventario estaba el bastón de Alex que había perdido en el bar la noche de la explosión y que ella había recuperado.

—No puedo creer que lo hayamos logrado. —dijo Alex. —¿segura que Angelyc estará bien? Esos tipos parecían estar en todos lados. ¿Ya puedes decirme cuando la veré y donde?

Mathilda no contestaba, estaba perdida en sus pensamientos mientras miraba el bastón y recordaba a Leon. Le parecía curioso como en poco tiempo precia haberse encariñado con Alex. Era la única persona después de Leon con la que había estado tanto tiempo junta. Le parecía triste y patética su propia actitud. Alex se marcharía para siempre y ella podría organizar de nuevo una ofensiva para detener a Seipher. Era un movimiento peligroso pero lo había pensado todo el viaje y era cierto lo que dijo Alex: Si no lo detenían ahora, después seria imposible.

Mathilda pensó en preparar la operación pero seria mejor cuando Alex estuviera completamente seguro y lejos del alcance de Seipher. Mathilda miro el reloj de su dispositivo y dijo que ya era hora. Alex se sorprendió y pregunto a que se refería pero Mathilda contesto que era hora de irse.

Alex salio rápidamente de la ducha y se vistió tan pronto como pudo, estaba alterado porque Mathilda no le dijo cuanto tiempo tenia para arreglarse así tuvo que vestirse rápidamente para salir a tiempo. La noche cubría la ciudad y el espectáculo de luces artificiales bañaba las calles con un ambiente bohemio. La música y el ruido de los autos llenaban cada rincón y el aire olía a tierra húmeda. A Mathilda le encantaba ese olor. Parecía que seria una buena noche.

Los jóvenes caminaron hasta llegar a un viejo parque. Se acerco a una vieja banca y tomo asiento. Las estrellas comenzaban a aparecer lentamente. Alex estaba muy confundido pero sabía que podía confiar en la palabra de Mathilda, habían hecho un largo viaje y habían arriesgado la vida juntos. La noche era tan tranquila que parecía que por fin la vida les daba un respiro. Alex se sentó a un lado de Mathilda y miro las estrellas.

—Hace mucho tiempo que no me detenía a ver las estrellas, y no me refiero a mirar el cielo, si no a contemplar las estrellas, los patrones, la belleza de la noche y la paz que necesitamos tener para de verdad apreciarlas. —dijo Alex. — Gracias Mathilda por acompañarme hasta aquí…

De pronto Alex se dio cuenta que ya no se verían mas. Todo este tiempo se había preocupado por sus perseguidores y por Angelyc, sus propias palabras hacían eco en sus pensamientos. Se detuvo un momento a mirar a Mathilda. Se encontró con una joven delgada de ojos verdes y piel clara como la Luna. El cuerpo era atlético y la ropa discreta, sin embargo Alex noto un halo de melancolía en su expresión. Era como si alguien le hubiera robado la sonrisa del rostro.

Alex sintió un poco de pena al pensar que la perdida que el había tenido, Mathilda la había sufrido también con Leon. No sabía que relación tenía una niña pequeña con un asesino a sueldo al que amaba. ¿Porque sufrir tanto el luto de una persona si no se amara? Además se dio cuenta que no sabia nada de ella. Se sintió mal por ser el único que expresaba su dolor sin haber hecho lo mismo por ella.

De pronto se escucho el motor de un auto que se detuvo frente al parque, Alex se levanto para ver mas de cerca de que se trataba, de entre las sombras apareció una figura femenina que se acerco lentamente a ellos. Alex se puso de pie para tratar de distinguir la figura pero las luces del auto apuntando directamente a ellos no le permitieron ver nada, hasta que la mujer estaba muy cerca.

Alex no sabia si debía preocuparse, se trataba de una mujer de mediana edad, en una mano tenia un maletín, Alex sentía que esto ya lo había visto antes solo que desde otra perspectiva. La mujer se acerco sin detenerse y dejo el maletín muy cerca de ellos.

—Aquí esta tu encargo. — dijo una voz femenina. —Esto es en contra de las reglas pero tengo que preguntarte quien es tu amigo. — dijo la mujer mirando a Alex que estaba a contra luz. Parecía estar interesada en el, Alex alcanzo a ver una pequeña sonrisa dibujándose en el rostro de la mujer, el joven no pudo evitar ruborizarse. Lo cual solo acrecentó la sonrisa de la chica.

—Tienes razón, es en contra de las reglas. — dijo Mathilda sin voltear a ver a la chica. —Ya puedes irte. —

La chica le guiño un ojo a Alex mientras daba media vuelta y se marchaba por donde llego. Mathilda tomo la maleta y comenzó a caminar, Alex pregunto que era lo que contenía la maleta pero Mathilda no contesto. Unos minutos después Mathilda entro a aun centro comercial y se dirigió a comprar algo de ropa y un bolso mas discreto que combinara con su nueva ropa. Pago todo de contado y se deshizo de la ropa vieja. Alex supuso que se trataba de una gran cantidad de dinero.

Eran las diez de la noche y había poca gente en el centro comercial. Algunas tiendas comenzaban a cerrar. Alex estaba confundido, parecía como si la familiaridad que había alcanzado con Mathilda desapareciera y volvieran al principio donde reinaba la indiferencia. De pronto Mathilda se detuvo frente a una de las escaleras eléctricas del centro comercial.

—Debe ser ella. Al menos es puntual. — dijo Mathilda.

Una joven miraba a todos lados con rostro de incredulidad, parecía estar perdida, Alex que caminaba detrás de Mathilda se detuvo para ver que había ocasionado que se detuviera tan repentinamente. Al levantar la vista pudo ver a Angelyc bajando las escaleras mirándolo con ojos vidriosos, Alex corrió hacia ella como si tratara de alcanzar un sueño antes de que este se esfumara. Al encontrarse de frente se abrazaron.

Las manos de ambos se recorrían el cuerpo del otro como si aun no creyeran que aquello fuera real. Alex miro de arriba abajo a Angelyc que ahora tenia cabello rubio y rizado sin embargo sus facciones eran las mismas. El brillo de sus ojos era hermoso y radiante, ahora que lo miraba le parecía mas hermoso que antes. Angelyc se acerco a el lentamente y lo beso tiernamente, aquel instante parecía ser mágico. Alex no podía creerlo, y la miraba de nuevo mientras sonreía con ojos vidriosos, parecía que por fin aquella pesadilla terminaba.

—Angelyc, mi amor… te he extrañado tanto. —dijo Alex. —Quiero presentarte a Mathilda, ella me ayudo a llegar contigo. — Alex volteo para ver a Mathilda pero ella había desaparecido. Alex sentía como si simplemente lo hubieran abandonado. De alguna manera lo veía venir pero nunca imagino lo que sentiría.

Angelyc dijo que el mensaje que recibió le advirtió que tenían que marcharse rápidamente y no mirar atrás. Alex sabia el porque lo había planeado Mathilda de esa manera. Aun estaban en peligro. Angelyc miro el rostro triste de Alex y lo acaricio tiernamente lográndolo hacer sonreír de nuevo. Alex se despidió en voz baja y se marcho con ella.

En un edificio de la policía de esa misma ciudad, un helicóptero llegaba, el pasajero era recibido por un par de hombres que daban la bienvenida a Stanfield. Uno de ellos que vestía traje; sostenía un teléfono que le acercaba a Seipher pero este lo tomaba y lo arrojaba al piso. El otro solo lo seguía de cerca. Dentro del edificio un grupo de hombres leía unos papeles con los resultados de una investigación exhaustiva. Lograban determinar los hábitos de los agentes, uno de ellos tenía un directorio de hoteles cercanos a la estación de autobuses.

El hombre de traje entraba en aquella habitación con un nuevo teléfono tratando de acercarlo a Seipher pero este de nuevo lo hacia pedazos, sin duda se trataba de gente del candidato Swarts.

En un hotel, un hombre dentro de un auto anunciaba la llegada de una joven muy parecida una foto que sostenía en una mano tomada por una cámara de seguridad. Seipher hablaba con otro hombre y en pocos minutos un grupo fuertemente armado se dirigía al hotel.

Mathilda dejaba caer el bolso en la cama, dentro había dinero, un par de armas con silenciadores y munición, también estaba el bastón de Alex. Mathilda se acerco al espejo y miro el collar que tenia con el dije de la Luna, tomo el dije de Alex y lo puso junto al suyo. Mathilda noto que eran del mismo tamaño, recordó como El viejo Tony se lo entrego junto con algunas de las cosas de Leon que le decía que eran sus tesoros. Entre aquellos artículos estaba una fotografía de Leon y de Luc cuando eran jóvenes, en medio de ambos estaba sentada una hermosa joven que portaba el medallón unido formando un eclipse.

Mathilda trato de unirlo, después de un rato logro hacer que encajaran formando un hermoso medallón. Había muchos significados ocultos detrás de aquella reliquia, sin embargo para Mathilda era un hermoso recuerdo de Leon, y ahora de Alex. Un sonido repentino alerto a Mathilda que rápidamente corrió a la ventana para ver de reojo y sin tocar las cortinas. Un gato maullaba asustado. Parecía que algo lo había asustado mientras realizaba su recorrido por la azotea. Mathilda no pudo ver nada pero imagino lo peor, francotiradores.

Los francotiradores eran una plaga para los agentes porque nunca sabias donde podían estar, hasta escuchar el disparo, sin embargo la mayoría de las veces ni siquiera daba tiempo para eso.

Mathilda sabia que esto podría pasar, pero no esperaba que fuera tan rápido. Tomo la bolsa y se dirigió al baño, entro en la ducha mientras cargaba las armas rápidamente, comenzó a contar el tiempo y a recordar una ruta de escape, sin embargo los francotiradores eran un gran problema. La salida seguramente ya estaría bloqueada y los pasillos completamente llenos de policías. Era la segunda vez en su vida que vivía una situación así y le aterraba porque la última vez perdió a Leon de esa forma. Sintió miedo como no lo sentía hace años.

Se quito la chaqueta y saco de la bolsa unos tirantes con un par de fundas, guardo un par de navajas en uno de los tobillos y varios cartuchos en las bolsas del pantalón, se coloco de nuevo la chaqueta y guardo munición suela en los bolsillos, luego se mojo el cabello y lo peino hacia atrás con las manos, se coloco un par de guates y tomo un fajo de billetes y les rompió el cintillo, tomo una silla y la arrojo contra la ventana, seguido por el fajo de billetes que volaron con el con el viento de la noche.
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Mensaje por Mishachan el Lun Jul 04, 2011 7:12 pm

waaaa??? y q raro ella ( mathilda t) seca!! pero ni modo! , y pues me parecio magico el encuentro entre angelich y alex!! Embarassed jejeje sigue tu historisa tu fan numer one te sigue contra viento y marea!!!.. ahora me preocupa es esta situacion de mathilda!


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Mensaje por Allstar el Mar Jul 12, 2011 11:48 am

Capitulo 15.- La despedida.

Hace cinco años, Mathilda Lando llego a un internado de señoritas, buscando un refugio después de la muerte de Leon. La directora del plantel la acepto a regañadientes. Los días posteriores, Mathilda despertaba por las noches teniendo pesadillas, que a veces incluían a su pequeño hermano, que era asesinado por Stanfield para después recitar unas palabras acerca de lo mucho que le gusta asesinar a gente que le gusta la vida.

Las pesadillas desaparecieron eventualmente sin embargo cuando se convirtió en Asesina a sueldo, las pesadillas volvieron. Solo que esta vez era ella quien asesinaba a Stanfield pero también a Leon y a su pequeño hermano. Las noches eran de insomnio y en las mañanas dormía hasta medio día. Algunas veces tenía deseos de no despertar nunca más.

El tiempo paso y en una ocasión uno de sus trabajos, logro salvo la vida de una victima. Su cliente fue un asesino serial. Se identifico tanto con el que sintió miedo convertirse en aquello que odiaba, pero al ver a la victima agradecer con lagrimas en los ojos por brindarle una nueva oportunidad, sintió que podía redimirse. Después de eso, Mathilda se volvió selectiva con los trabajos que aceptaba, para calmar su conciencia y aliviar el dolor.

La vida de Mathilda era muy solitaria, en el colegio no tenía amigas porque ellas preguntaban demasiado y no podía confesar a que se dedicaba, lo que las chicas interpretaban como falta de confianza, un requisito indispensable para las chicas. Afuera del colegio, las únicas personas que conocía eran los agentes retirados, amigos del viejo Tony, con quienes había perfeccionado sus técnicas pero con quienes era difícil compartir sus sentimientos y desahogarse del dolor y el miedo que la despertaba por las noches.

Cuando Mathilda conoció a Alex no pudo dejar de sentir lastima por el. Su tragedia, era muy similar a la de ella. El miedo el coraje y la ira que Alex sentía era similares a lo que ella había sentido, se identificaba con ese sentimiento, sin embargo el no estaba invadido por la venganza como ella, al final ella sabia que la venganza no te liberaba del dolor y lo tuvo que aprender de la manera difícil. Por un momento dejo de sentirse sola, pero eso ya había terminado y ahora tenia que luchar por su vida.

Un francotirador observaba por la mirilla, atento a cualquier movimiento, por la ventana que vigilaba salieron volando trozos de vidrio que pusieron lo pusieron en alerta, trago saliva y puso su dedo sobre el gatillo, de pronto una nube de billetes de varias denominaciones inundo su visión. Fue solo cuestión de milésimas de segundo que titubeo para ver cuidadosamente si de verdad se trataba de dinero lo que veía a través de la mirilla. Después de todo, el entrenamiento en armas había durado solo un par de años, mientras que su ambición por el dinero había sido inculcada desde que era pequeño y tenia un maestro en cada persona adulta. Solo un parpadeo fue suficiente, de entre los billetes pudo ver un movimiento en la ventana esquivando su mirada.

El francotirador titubeo y Mathilda logro salir por la ventana para dejarse caer por la escalera de incendios a un sucio callejón, el cazador trato de corregir su error y disparo pero no alcanzo a acertar. Dentro del hotel un grupo de hombres de un equipo especial de la policía entraba a la habitación portando grandes trajes blindados y lanzando bombas de humo. Recorrieron cada rincón de la habitación pero no encontraron nada. El líder del escuadrón informo a Stanfield que el lugar estaba vacío hasta que el francotirador anuncio que había visto salir a alguien por la ventana.

Abajo en la planta baja habían tres hombres cerrando el callejón, al escuchar un ruido comenzaron a avanzar en formación. Iluminaron el callejón con sus linternas y un pequeño reflector montado en una patrulla pero no encontraron rastro alguno. Stanfield maldecía por la radio ordenando que volvieran a revisar ante la molestia de los vecinos que poco a poco encendían las luces para observar aquel movimiento. Stanfield estaba jugándose el todo por el todo al llamar tanto la atención pero estaba dispuesto a terminar con todo esa misma noche.

Mientras tanto Mathilda bajaba las escaleras del edificio contiguo, para salir a la calle, al parecer había logrado llegar a la ventana del algún vecino el cual se alarmo y tomo el teléfono para llamar a la policía, era cuestión de tiempo antes de que volvieran a encontrar su rastro.

Mientras tanto en un lujoso restaurante, Alex miraba por la ventana tratando de encontrar una razón por la cual Mathilda había desaparecido sin decir nada, ni siquiera un adiós, después de todo lo que habían pasado al menos se merecía, un adiós. No sabia si le molestaba el hecho que Mathilda hubiera robado su dije de Luna o simplemente que no le dio la oportunidad de obsequiarlo, después de todo lo había ayudado a escapar, se merecía eso y mas. Angelyc trataba de animarlo pero parecía imposible como si algo hubiera cambiado.

—Anímate amor, estamos juntos ahora. Pareces preocupado por tu amiga… ¿Como era ella? —pregunto Angelyc tratando de hacer que Alex compartiera algún pensamiento con ella. —¿Al menos era bonita? — dijo Angelyc en tono burlón.

Alex trataba de contestar esa pregunta pero parecía que era difícil escoger las palabras adecuadas para describir a Mathilda. Estaba a punto de decir que era linda pero para el, ella era hermosa de una manera que pocos podrían entender. Angelyc poseía una belleza que se podía encontrar en las revistas de modas y los programas de televisión, sin embargo compararla con la belleza de Mathilda era imposible. Eran bellezas diferentes.

Un mesero se acerco preguntando si podía retirar el plato de Alex que ni siquiera había tocado. Angelyc miraba impaciente alguna reacción de Alex pero su paciencia se comenzaba a agotar. Odiaba que la ignoraran y mas aun si se trataba de su propio novio. La mirada de Alex guardaba algo aunque era imposible que fuera cierto pensó Angelic, después de todo estaba segura que Alex estaba enamorado de ella, sin embargo un fuerte ardor comenzó a subir de su estomago hasta su pecho.

—¡Alex! ¡¿Te enamoraste de ella?! — pregunto Angelic casi gritando llamando la atención de los demás comensales y ahuyentando al mesero que aun esperaba una respuesta.

Alex volteo a verla con una mirada tranquila. No sabia que contestar.

Cerca de los muelles un grupo de hombres armados liderados por el otro agente; buscaban algún rastro, había poca gente y los pocos que se atravesaban en el camino de los agentes eran interrogados y algunos golpeados al resistirse a cooperar. Aquel grupo estaba armado con rifles de asalto y linternas pero no tenia uniformes, vestían ropa de civiles, se trataba de los sicarios de Lebitz. Seipher no había dejado cabos sueltos, los dos grupos de choque de fuerzas antagónicas trabajaban para el, su poder y su influencia eran indiscutibles.

En el restaurante Alex es rescatado por el timbre de su dispositivo que recibía un mensaje. En la pantalla solo parecía una leyenda que era clara y simple:

“Ella te necesita”

Alex trataba de entender como el remitente conocía tanto y trataba de imaginar en que clase de peligro estaba Mathilda. De pronto en el televisor el noticiero interrumpía la programación para dar a conocer la noticia, un informante anónimo informo de un tiroteo en un viejo hotel cerca de los muelles, al parecer se trataba de un operativo que se salio de control. La policía se había reservado hacer cualquier tipo de comentario pero algunos informes hablaban de la participación de policías fuera de su jurisdicción.

Alex se levanto rápidamente de la mesa y se dirigió a la salida.

—¡Alex, si sales por esa puerta, nunca mas volverás a verme! —dijo Angelyc. — No puedes dejar todo lo que tienes por alguien que no conoces. Mírame, ¿vas a dejar la vida que tienes por una desconocida? — el silencio se apodero del lugar. La gente miraba expectante aquel espectáculo fuera de lo común.

Alex miro alrededor, era la segunda vez que escuchaba esa pregunta, sin embargo esa sensación de estar con Mathilda y entenderse sin hablarse nunca la había tenido con nadie. Alex se dirigió a Angelyc, que dejo escapar un suspiro al ver a Alex regresar y tomarle las manos.

—Perdóname Angelyc. —dijo Alex — Tu te mereces algo mejor. — dijo mientras levantaba las manos de la joven y las besaba. —Gracias por todo. Adiós.

Enseguida Alex salio corriendo y tomo un taxi. Anelyc se sentía humillada ante la mirada de los comensales que murmuraban haciéndola sentir aun mas miserable.

En los muelles Mathilda trataba de esconderse, su corazón latía muy rápido, Sabia que no podía cometer ningún error pues en la noche el sonido de un disparo alertaría a los demás. Todas las salidas posibles estaban cerradas así que no quedaba mas opción que enfrentarse a sus perseguidores. La noche y la obscuridad serian sus aliados. Cerca de ella las linternas de un grupo de tres sicarios sin uniforme se acercaban peligrosamente.

Los sicarios eran solo tiradores, su modus operandi se reducía a apuntar, disparar hasta agotar las balas y huir, en el mejor de los casos tenían una instrucción militar pero poca disciplina, lo que les costaba caro. Confiaban ciegamente en sus armas y la experiencia siempre los había enfrentado a victimas indefensas o mal preparadas, sin embargo en esa ocasión, el escenario era diferente.

—Espero que te sientas orgulloso de mi Leon. — dijo Mathilda empuñando sus armas.

Enseguida se lanzo contra los sicarios con las navajas en las manos, el factor sorpresa jugo de su lado y pudo deshacerse de los tres sin que pudieran disparar ni una vez. Siguió adelante buscando una debilidad en las salidas. Avanzo un poco hasta que encontró otro pequeño grupo. Tomo la ultima navaja que tenia y la lanzo acabando con otro sicario, sin embargo otro de ellos la alcanzo a ver y disparo una ráfaga, Mathilda se vio obligada a utilizar su arma, el primer impacto dio en el blanco pero aun así ya era tarde, los ladridos de los perros y los pasos de los agentes se escuchaban mas cerca.

Seipher suspiraba aliviado al escuchar disparos, como si el caos estuviera de su lado y el se sintiera capaz de gobernarlo. Ahora era cuestión de tiempo para que capturaran a su presa y terminar con todo. Ahora pensaba un buen discurso para justificar el movimiento de tantos agentes fuera de su jurisdicción. Si era necesario mataría algunos hombres de Lebitz para acusarlos de ser los causantes de aquel operativo. Se vestiría de héroe como siempre.

Alex se dirigía a los muelles después de recibir respuesta de “J” quien lo guiaba através del dispositivo. Después de un par de mensajes descubrió que “J” era el informante anónimo. Alex trataba de trazar un plan para salvar a Mathilda pero no contaba con ningún arma. Pensaba que podría ayudarle a escapar solo necesitaba una oportunidad. El aun tenía el factor sorpresa y con eso le bastaba. Entre sus pensamientos ordeno a “J” que informara a los noticieros y difundiera la relación de Stanfield con Swarts, en caso de fallar, la gente conocería la clase de persona que era Stanfield, la muerte de un joven mancharían también la imagen del candidato y lo pondría en tela de juicio, el resto corría a cuenta de sus detractores. “J” no estuvo de acuerdo porque eso suponía mostrar su existencia al mundo. Alex insistió que era la única forma de detener a Seipher.

Mathilda luchaba por deshacerse de los guardias sin hacer ruido mientras trataba de esconderse pero el olfato canino la encontraba fácilmente, un par de hombres soltaron a los perros que corrían con ojos inyectados de sangre y chorreando saliva de los hocicos convertidos en verdaderas armas letales. Mathilda trato de estar en lo alto para evitar a los perros pero eso revelaría su paradero, de pronto sintió como uno de los perros le mordía la pierna derecha y la sacudía violentamente tratando de arrancar un pedazo de carne, el dolor era insoportable y el miedo la atrapaba, tuvo que dispararle al animal para poder soltarse pero el daño estaba hecho.

El sonido del disparo alerto a los pocos sicarios que quedaban, increíblemente Mathilda se había desecho de doce sicarios de veinte ella sola. El miedo, el cansancio y el dolor hacia presa de ella. Se oculto detrás de un contenedor cuando de pronto escucho a otro perro acercarse. No podía arriesgarse de nuevo y tuvo que disparar. Aun en su situación se sentía mal por los perros que no tenían la culpa de convertirse en carne de cañón. El disparo alerto a los sicarios que entraron a un callejón formado por los contenedores y comenzaron a disparar al ver como caía el cuerpo del perro.

Los sicarios ordenaban que saliera y maldecían tratando de intimidarla, no sabían a que se enfrentaban pero sabían que el miedo era un arma poderosa. Los sicarios sabían disparar par intimidar, era lo único que necesitaban normalmente, por lo que nunca esperaron enfrentarse a alguien que tenia toda una preparación en tácticas y combate. Mathilda cayo detrás de ellos escondida en la obscuridad eliminándolos a casi todos. Cuando las balas se terminaron tomo un rifle de los sicarios y logro eliminar a los restantes.

Un leve aire de esperanza se dibujo en su rostro cuando de pronto sintió un golpe en la nuca asestado con mucha precisión, al parecer aquellos sicarios era una carnada y era completamente desechables. Había caído en la trampa.

Entre la vista nublada, y las luces de las linternas en el piso, Mathilda pudo distinguir al otro agente que estuvo en la emboscada de Luc. Era alto robusto y muy fuerte parecía ser el gemelo del agente que eliminaron en el hotel. El hombre miraba a Mathilda sorprendido por ser capaz de eliminar a todos esas personas pero con una sonrisa burlona. El hombre se acerco a Mathilda aprovechando el momento y la siguió golpeando. Mathilda apenas alcanzaba a cubrirse pero los golpes eran tan fuertes que cimbraban todo su ser. Mathilda recupero un poco el sentido y logro asestar un golpe al agente que estaba sorprendido por la resistencia de aquella joven de frágil aspecto.

En un esfuerzo supremo, trato de golpear al agente en el rostro con todas las fuerzas que le quedaban pero era insuficiente para noquearlo. El hombre aprovecho su fuerza y su estatura para resistir los golpes de Mathilda y tomarla por el cuello hasta levantarla del piso y azotarla contra uno de los contenedores. Mathilda cayó pesadamente al piso apenas conciente. El agente tomo un radio y lo encendió mientras miraba a Mathilda a punto de desmayarse.

—Tengo a tu avecilla. —dijo el hombre por el radio con acento extraño.
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He aqui el penultimo capitulo de Enlace. Gracias a los que aun me siguen. Gracias especiales a Misha. Se que esta historia no es facil de leer ni entender pero dentro de todo tiene una gran parte de mi. Espero sus comentarios, dudas sugerencias.... etc.
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Mensaje por Mishachan el Jue Jul 14, 2011 10:12 pm

hola mi niño!!!!! ^^ de verdad que fue intenso el cap !!! no me esperaba q alex se diera cuenta tan rapido de lo q sentia por mathilda.... y pues no se, angelic, me trae muuy mala espina desde q empezo jeje ^^ ojala alex llegue a tiempo y no muera... y menos sin decirle lo que siente t.t ( soy muy romantica aveces), y por fiiinn se aclararon varias de mis dudas jeje.. lo unico que no me gusta es que es el penultimo cap!!! quiero mas T.T ......

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Solo quiero que sepas que sin darme cuenta me enmore de ti como no tienes idea
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Mensaje por Allstar el Mar Jul 19, 2011 9:54 am

Capitulo 16.- La caída.

En la entrada a los muelles, Seipher escuchaba el mensaje mientras su rostro expresaba una sonrisa de satisfacción, la cacería había terminado y el había ganado. Le gustaba esa sensación casi le parecía necesario sentirse en peligro de vez en cuando para recordarle lo que se siente estar vivo.

—¿Dónde esta el otro?... No la mates. Quiero verla. —dijo Sipher. En realidad era un eufemismo para decir que el mismo quería tener el placer de matarla. Quería ver el miedo en sus ojos. Esa expresión que le daba esa sensación de poder. Esa era su droga personal, ver a sus enemigos completamente rendidos y mostrándole respeto.

Uno de los asistentes de Swart, vestido de traje, alerto a Stanfield después de colgar el teléfono; que varios vehículos de noticias se dirigían hacia el lugar. Al parecer un informante había dado aviso del tirote en el muelle. Seipher sabia que no podía ser visto y tenía que deshacerse de la evidencia. El cadáver de Mathilda seria una bomba para sus planes así que tendría que esperar, pero si ya había esperado cinco años podría esperar un par de horas más. Ordeno por la radio a su gente que se dispersara y se dirigió al lugar donde estaba ella perdiéndose entre los contenedores. Enseguida aparecieron las cámaras y los reflectores.

La mayoría de personas incluyendo a la gente de confianza de Seipher huyo despavorida pero su propia trinchera les cerraba el paso. Actuaban como corderos encerrados en un corral, trataban de esconder el arsenal que portaban. En un ataque de desesperación mostraron sus placas y se identificaron como policías pero al enfrentarse a los reporteros comprendieron el error que habían cometido. Trataron de quitarles las cámaras a los reporteros pero por cada una que arrebataban habian dos mas que los encuadraban, era como una hidra.

Los reporteros arremetían con cámaras y micrófonos mientras los jefes de la policía llegaban detrás de los reporteros. El asistente de Swart trato de escabullirse pero un reportero lo detuvo con una lluvia de preguntas. El hombre sabía que su presencia allí no tenía justificación y todo había pasado tan rápido que no sabia que decir, una reportera lo reconoció y trato de ganar la nota al primer reportero pero por el hambre de ser el primero obligo al reportero a transmitir en vivo. El asistente sintió que la cámara le arrancaba la vida pues sabia que su aparición tendría consecuencias funestas para Swarts.

En el centro del muelle, el agente vigilaba a Mathilda agotada y herida. El hombre, lleno de adrenalina; la miraba mientras caminaba de un lado a otro, recorrida el cuerpo de la joven con la mirada, estaba completamente indefensa. Se acerco a ella y la giro con el pie. Mathilda Sangraba por la nariz y la boca. Se sentía desfallecer.

El hombre se agacho y reviso su cuerpo, encontró un arma vacía y la arrojo lejos. Luego continúo revisando pero esta vez se detenía en el pecho de Mathilda mientras presionaba con fuerza, el agente tragaba saliva y se mordía los labios lascivamente.

Mathilda estaba cansada, de correr, de esconderse, de llorar. Simplemente se sentía sola y ahora un agente de los peores tocaba su cuerpo sin ningún respeto pudor o gramo de consideración. No tenía miedo, sabia que esto podría pasar y se había preparado hacia mucho tiempo, sin embargo no podía dejar de sentir cierta aversión. El cuerpo de una mujer siempre será blanco de abusos y de las mas bajas pasiones, ella lo sabia, pero no veía su propio cuerpo como suyo. Para ella su cuerpo era solo un cascaron vacío, no tenia nada, se lo habían arrancado.

Sentía que cualquier cosa que le hicieran seria solo doloroso pero su alma estaba intacta porque hacia mucho tiempo que había entregado su corazón a Leon y no había nada más que le pudieran quitar. El dolor que iba a sufrir, seria mucho pero sabia que terminaría, siempre era así. El morir no le asustaba. El rendirse si. Esta noche había acabado con veinte sicarios ella sola. Solo un profesional podía hacer tal proeza. Las victimas no eran trofeos, las victimas eran asesinos que habían sido detenidos y que no volverían a causar daño a gente inocente. Ella misma había sido detenida y ahora dejaría de dañar a gente que tal vez podrían enderezar su camino y merecer esa oportunidad de vivir. Aunque en el fondo sabia que no era cierto. Gente como Seipher viviría y seguiría haciendo daño. Ni siquiera le quedaba ese consuelo.

El agente recorría el cuerpo de Mathilda por debajo de la ropa. La manipulaba como si se tratara de una muñeca de trapo. Tocaba cada parte y se detenía en cada área intima. Masajeaba cada centímetro de su cuerpo excitándose y frotándose contra ella. Se recostó encima de ella, el peso del hombre no le permitía respirar pensó que moriría asfixiada, no le quedaban fuerzas para defenderse.

De pronto se escucharon unos pasos, el agente se levanto y se acomodo la ropa y limpiándose el sudor de la frente. Trago saliva, sabia que Seipher se molestaría si lo encontraba así sin embargo pensó lo importante que era capturarla. Pensó que como recompensa podría pedirle a Seipher que se la dejara un rato. Incluso se ofrecería a deshacerse del cadáver, después de todo el la había capturado y se merecía una recompensa. El agente sonrío con la idea.

—Obedecí tus órdenes al pie de la letra. — dijo el agente. —Merezco un premio por mi obediencia. —señalo aquel hombre completamente convencido de que hacia lo correcto y que era justa su solicitud.

Entre las sombras aparecía una silueta pequeña. Era Alex.

—Aléjate de ella, esto se termino. — dijo Alex mientras se acercaba.

El agente miraba sorprendido, de pronto su nerviosismo se convirtió en una carcajada pausada. La vista de aquel joven era lo ultimo que esperaba, pero lo veía como un bono extra. Alex estaba completamente desarmado y el agente lo sabía pues si fuera diferente, ya hubiera disparado. El hombre pensó que capturarlo vivo garantizaría su recompensa así que se abstuvo de quitar el seguro de su arma.

El hombre asumió una posición de guardia y se lanzo contra Alex que esquivo los golpes, pateo accidentalmente una de las linternas que estaban tiradas y pudo ver bien el rostro de Mathilda. La sangre de Alex comenzó a hervir, la rabia se apoderaba de el pero las lecciones de Luc estaban tatuadas en su mente tanto que se volvían parte del instinto.

-Tú eres un arma. No eres un héroe ni un villano. El objetivo siempre es lo más importante. Tu preparación determina tu supervivencia. Tus objetivos los elegirás tú, de acuerdo a tus reglas, nunca por el dinero. Regla numero uno, ni mujeres ni niños. No eres un asesino.-

Alex esquivaba los golpes del agente con mucho cuidado y medía el espacio entre las sombras, trataba de alejarse de Mathilda lo más que pudiera para que no resultara herida. El agente acorralo a Alex y se disponía a atraparlo cuando de pronto Alex comenzó a golpearlo en las costillas con las rodillas tratando de encontrar un punto débil pero el agente al igual que su socio, tenía una coraza. Pero esta vez Alex sabia que estaba buscando. El agente detuvo un rodillazo con las mano lo que Alex aprovecho para usarlo de impulso y esquivar un golpe al mismo tiempo que golpeaba el rostro del agente de lleno con la otra rodilla.

El sujeto perdió el equilibrio se cayo es espaldas. Alex se acerco a Mathilda para ver su estado, entre las ropas desgarradas, encontró el pequeño bastón de Alex. Era un arma sumamente primitiva contra un arma de fuego pero aun así podía causar bastante daño si se usaba correctamente. El agente se levanto con mucho trabajo, el golpe había sido muy certero y la cabeza le dolía, tenia la nariz rota y la sangre escurría a chorros.

Tomo la funda de su arma y quito el seguro, desenfundo su arma y se dispuso a disparar cuando de pronto sintió un golpe en la mano que le fracturo los dedos que empuñaban el arma, trato de abalanzarse con las pocas fuerzas que le quedaban pero los reflejos le fallaban y la perdida de sangre le causaba mareos, de pronto se escucho un gran golpe y pudo sentir como Alex le rompía el brazo que aun estaba intacto de un golpe. El hombre maldijo mientras escupía sangre. Alex sabia que había ganado pero aun así no sabia que hacer con aquel sujeto, no quería asesinarlo, nunca lo había hecho y no había razón para empezar ahora con alguien en ese estado.

El sujeto sonrío y un charco de sangre escurrió de su boca, se acerco lentamente como pidiendo piedad cuando de pronto soltó un cabezazo a Alex que logro esquivarlo dejándolo pasar y acertó un golpe con el bastón en la nuca del hombre que se fue a estrellar contra uno de los contenedores directamente con el rostro. Al caer solo había una mancha roja y carne hinchada en lo que alguna vez fue su rostro. El tipo quedo inconciente inmediatamente.

Alex se dirigió a Mathilda cuando de pronto apareció entre las sombras el cañón de una pistola apuntando directamente a Alex.

—¡Basta¡ — grito Alex —Esto se termino. Si me matas no tendrás oportunidad de salir de aquí, tendrás que dar muchas explicaciones…¡piénsalo!. —justo en ese momento un helicóptero de las noticias sobrevolaba los muelles.

Seipher Stanfield salio de las sombras apuntando su arma. Vestía un traje muy costoso que desentonaba con la ropa de los sicarios. Los zapatos parecían brillar con luz propia entre las penumbras de aquel escenario rodeado de cuerpos de los caídos, entre ellos Mathilda.

— Déjanos en paz, León murió hace mucho tiempo, tu venganza terminó antes de empezar, Norman y Leon se mataron uno al otro, ambos sabemos que podemos terminar con esta pesadilla ahora mismo, romper el circulo de la venganza y el miedo, yo no buscare venganza y tu nos dejaras en paz. — decía Alex.

—¿Cual es tu nombre? —pregunto Seipher mientras hacia una seña para que Alex arrojara el bastón.

—Alex… Alexander DeLacroix… —dijo el joven mientras arrojaba el bastón.

Si puedes evitar una pelea hazlo. Nunca provoques a nadie ni utilices tus habilidades para tu propio beneficio. Tu salud es lo mas importante si tienes que dejar todo por tu seguridad hazlo. Nunca te enfrentes a alguien a quien no puedas vencer. Improvisa solo cuando sea necesario. Respeta las reglas.

Alex había roto muchas reglas, sabia que se estaba arriesgando demasiado.

Seipher tomo el bastón sin dejar de apuntarle a Alex. Miro de reojo al bastón que sostenia Alex y luego volteo a ver lo que le había hecho al agente que escupía sangre al respirar. Se acerco a Alex hasta que la pistola estaba justo en su frente, le quito el bastón deprisa y cuando se sintió seguro, le susurro:

—Ya lo sabía… Esto no es por venganza… — Acto seguido golpeo a Alex con el bastón directamente en el rostro.

Alex se desplomo cayendo pesadamente. La cabeza le dolía y un sudor frío cubría su rostro. Seipher Stanfield era un verdadero monstruo. No le importaba nada, su venganza no se basaba en el amor por su hermano, era egoísta y estaba dispuesto a todo por conseguir su objetivo. Alex sintió miedo.

—Lo único que me molesta de Norman es que no supo limpiar sus porquerías. — dijo Seipher mientras miraba el bastón lleno de sangre.

Guardo su arma y saco un cigarrillo. Lo encendió sin prisas. Alex se revolcaba en el piso tratando de recuperar el sentido. Parecía estar atrapado en una pesadilla. Todo este tiempo pensó que aquella vendetta era por la muerte de su hermano pero esta revelación le causaba terror. No entendía como podía existir gente así. Seipher Stanfield era el epitome de la crueldad, la ambición y el egoísmo. Alex pensó que esas personas no existían y no concebía la idea de estar frente a alguien así. El mundo era un desastre, gente como Seipher controlaban el mundo, todo por lo que Luc peleaba parecía un sueño inalcanzable. Era como si peleara una batalla que no podía ganar.

—Asi que ti eres el protegido de DeLacroix. —dijo Stanfield mientras arrojaba una bocanada de humo. —Esperaba mas con una reputación como la tuya. Decían que eras un monstruo.

Seipher arrojo el cigarro y suspiro, comenzó a golpear a Alex en la cabeza con mucha violencia como si una tormenta se desatara dentro de su cuerpo. Los ojos de Seipher estaban inyectados de rabia y estaba dispuesto a dejar hasta el último aliento en ese momento. Parecía que no se detendría hasta romperle el cráneo.

Pensaba que si mataba a aquel joven con sus propias manos; sus problemas terminarian. Pensaba el Swart y como se veia obligado a obedecerlo, pensaba en la gente que no le temia y pensaba en su gente la cual desde su punto de vista habian fallado en algo tan simple como asesinar a aquel muchacho asegurándose que dejara este mundo sabiendo que debia temer a Seipher Stanfield.

Alex se cubría como podía recibiendo los golpes con los brazos, de pronto alcanzo tomar la punta del bastón, lo cual enfureció aun mas a Siepher que lo pateo con fuerza hasta que el bastón se desprendió, Seipher se sorprendió la pensar que se había roto pero para su sorpresa el bastón solo era una funda y lo estaba sosteniendo al revés. Alex soltó un tajo que cortó la mano de Siepher. El corte había caído exactamente en la muñeca y había chocado con el fino reloj de Stanfield, evitando que saliera volando la extremidad. Stanfield soltó un grito desgarrador mientras en la muñeca colgaba la mano sujeta por un pedazo de piel.

La expresión de Seipher reflejaba el terror que había provocado en incontables victimas. Estaba del otro lado del espejo y no le gusto lo que encontró. Una mancha apareció en el pantalón de Seipher que miraba como Alex se levantaba sujetando una hoja muy filosa cuyo acero ya había probado.

—¡Aléjate! ¡Te daré lo que quieras… solo déjame! — tartamudeaba Stafield mientras temblaba con el muñón de su mano derecha.

Alex avanzaba lentamente tratando de mantenerse de pie. El ojo derecho estaba hinchado y casi cerrado. Entre las sombras podía distinguir como Seipher buscaba su arma entre sus ropas. Con manos temblorosas trato de empuñar la pistola, mientras Alex corrió hacia el.

Elige una buena razón para vivir y que valga la pena morir por ello…

Un disparo llamo la atención de los reporteros y los policías que acudieron al lugar rápidamente.

Alex saltaba y daba un giro en el aire esquivando el disparo de Stanfield para caer empuñando la hoja que se enterró en la mano de Stanfield hasta llegar al piso. El forcejeo y el dolor hicieron que Stafield tratara de retirar de su mano provocando que la navaja enterrada en el piso partiera por la mitad la mano entre los dedos índice y medio. Era un espectáculo dantesco.

Seipher Stanfield el asesino de asesinos, había sido reducido a una piltrafa. Ya no era una amenaza y carecía de su propio respeto. De haber podido se hubiera quitado la vida ahí mismo pero el valor lo había abandonado. Solo había dolor y humillación. Trato de levantarse pero la perdida de sangre y la excitación no se lo permitieron. Tropezo un par de veces antes de terminar recargado en uno de los contenedores con el arma a sus pies sin poder usarla.

Alex se acerco a Mathilda, la sujeto lentamente y trato de levantarla para huir pero no le quedaban fuerzas. Sabia que no llegaría muy lejos, era el final del camino pero al menos estaba con Mathilda y habían logrado salvarse. Tomo el cabello de Mathilda y descubrió su rostro. Limpio la sangre con su ropa delicadamente y le planto un beso cariños en la frente. Mathilda abrió los ojos.

—Perdóname por llegar tarde… tenia que agradecerte por salvarme la vida…— dijo Alex.

Mathilda cerró los ojos y por primera vez en mucho tiempo, sonrió. Aquella expresión reflejaba paz y tranquilidad. Para Alex, era la expresión más hermosa que jamás había visto. En ese momento se dio cuenta que valía la pena jugarse la vida por ella.

De entre los contenedores aparecieron policías acompañados de reflectores de los camarógrafos, reporteros y que buscaban la nota. Uno de ellos se sorprendió por el espectáculo y se desmayo. Otros más trataban de encontrar una explicación. De entre los reporteros apareció una mujer con micrófono en mano que al ver a la pareja herida se sorprendió y ordeno a su camarógrafo que apagara la cámara.

La escena era perturbadora, en los muelles de la ciudad había sucedido una masacre, había varios cuerpos regados en el piso y un jefe de la división de narcóticos con las manos destrozadas y sangre por doquier tratando de huir como un animal herido, aún así trataba de cubrirse el rostro. En el escenario central había un par de niños cuya inocencia podía verse aun en sus miradas, sin embargo parecía haberse extraviado. Los reporteros se miraron a si mismos como buitres hambrientos ante aquella masacre. A diferencia de los animales, ellos habían elegido aquella vida.

—Por dios… si son solo niños… — dijo la reportera. —¿que hemos hecho para provocar esto?… —dijo mientras volteaba a ver a los demás.

La mayoría de los reporteros entendió las palabras de la mujer sin embargo algunos camarógrafos iluminaban la escena con los flashes de sus cámaras sin ningún respeto, sobre todo a Seipher Stanfield que trataba de ocultar su rostro sin mucho éxito. Uno de los fotógrafos se acercó para tomar una foto de la pareja pero un hombre lo detuvo diciendo que eran menores, el hombre titubeo pero se marcho, no por respeto sino por temor, sabia que fotografiar a un menor en una escena del crimen le traería problemas. Alex miraba a aquella multitud temeroso, pero sin soltar a Mathilda.

El sol salía iluminando la noche terminando con la pesadilla. Las personas seguían sus vidas y la rutina se apoderaba de la atmosfera. La gente miraba las noticias indiferentes antes de dirigirse al trabajo sin ánimo ni asombro. Las grandes esferas de poder se tambaleaban y Swart permanecía atónito frente a los teléfonos que no paraban de sonar, encerrado en su lujosa oficina completamente solo mientras afuera la gente se atiborraba para conseguir una explicación. Una leve llovizna caía llevándose consigo la sangre derramada. El mundo continuaba girando y sin embargo, ya no era el mismo.


__________________________________________________

Este es el ultimo capitulo, esper qure les guste. Esta es solo la primera parte de la historia pero creo que este no es el lugar adecaudo para esta clase de historia. Espero que podamos seguir escribiendonos y que el foro no muera. Gracias y suerte.
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Mensaje por Mishachan el Lun Jul 25, 2011 10:27 pm

hola mi niño!!! DIos, me impacto mucho el cap!, no recuerdo imaginar tanta sangre en mucho tiempo.. pero esa es una realidad inegable, el morbo, el sadismo, son cualidades a la orden del dia. lastima que muchos viven de ello, realmenmte fue mi primera historia en este genero (de lectura) pero me encanto, muy limpio, y vivaz, yo tambien espero que el foro no muera =S, no te desaparezcas tu tambien... =S espero que si te decides, publiques tu segunda parte ^^

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